Jorge Jiménez Alonso
03/01/2021 , 9:52 pm

Un mundo holográfico (segunda y última parte)

Todo este mundo aparentemente tangible, visible y audible es una ilusión, decía Bohm; “es dinámico y caleidoscópico, no está realmente ahí”. “Lo que nosotros vemos normalmente es el orden explicado, desplegado de las cosas, algo así como contemplar una película. Pero hay un orden subyacente que es como el padre de esta realidad de segunda generación. Es el orden implicado que encierra en sí nuestra realidad de un modo muy semejante a como el ADN presente en el núcleo de la célula encierra en sí toda la vida en potencia y dirige el curso de su despliegue.”

Entre otros ejemplos de lo que dice, nos habla de “una fila de bombillas eléctricas que se encienden y apagan en un anuncio luminoso, dando la impresión de una flecha en movimiento, o los dibujos animados, que producen la ilusión de un movimiento continuo.” Todo esto es ilusorio y le llamó holomovimiento.

Pribam tuvo la ocurrencia, nos dice Margaret Ferguson en “La conspiración de Acuario”, de que el cerebro, al emplear sus estrategias matemáticas podría estar enfocando la realidad a modo de un lente. Esas transformaciones matemáticas transforman las frecuencias en objetos.

Reciben el potencial desenfocado convirtiéndose en sonido, color, olor, gusto, tacto, y nos dice Pribram “tal vez la realidad no sea tal como la perciben nuestros ojos”, “si no tuviéramos ese lente –las transformaciones matemáticas operadas por nuestro cerebro- posiblemente conoceríamos un mundo organizado como un campo de frecuencias, sin espacio ni tiempo, sino tan solo aconteceres… ¿sería descifrable la realidad a partir de ese campo?”.

Las matrices de interferencias neurológicas del cerebro, sus procesos matemáticos, pueden ser idénticos al estado primordial del universo. Precisamente, los estados místicos o experiencias trascendentales pueden permitirnos un acceso directo ocasional a ese campo. Innumerables relatos de místicos, sometidos a esos estados, suenan a menudo como si fueran descripciones de la realidad quántica. 

En otras palabras, si traspasamos nuestro modo ordinario y restrictivo de percibir podemos sintonizarnos con la fuente matriz de la realidad.

Los físicos y astrónomos han señalado en ocasiones que la auténtica naturaleza del universo es inmaterial, aunque ordenada. James Jeans, astrónomo, ha dicho que “el universo se parece más a un gran pensamiento que a una gran máquina”.

El también astrónomo Arthur Eddington afirmó que “la materia del universo es de orden mental”. Más recientemente, David Foster, especialista en cibernética ha descrito un “universo inteligente”, cuya aparente concreción viene generada en realidad por datos cósmicos procedentes de una fuente incognoscible y organizada.

En síntesis, nuestros cerebros constituyen matemáticamente la realidad sólida mediante la interpretación de frecuencias provenientes de una dimensión que trasciende el espacio y el tiempo.

El cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico. Somos realmente participantes en la realidad… o bien, observadores que afectan a lo observado. Así entones, lo sobrenatural forma parte de la naturaleza.

Y es precisamente en esta parte donde yo elucubro, quizá aventuradamente, partiendo de la premisa de un universo ordenado e inteligente, en donde los estados de conciencia armónicos y coherentes favorecen la sintonización con el nivel primordial de la realidad que es una dimensión en la que reinan el orden y la armonía, si somos energía y estamos en la misma frecuencia y dimensión, considero indudable que sincronizaremos con esa “mente universal”, con “la fuente”. ¿Y acaso no, a través de la ORACIÓN, la MEDITACIÓN y la CONTEMPLACIÓN, Con plena FE, Se logra? ¡Entonces ese será el medio para abatir la pandemia!

Gracias Puebla. Y te recuerdo LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO.


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