(Foto: AFP)

Agustín Ortiz
11/23/2020 , 7:46 pm

Un nerd no cualquiera

Elvis Presley era una estrella, pero Buddy Holly una leyenda. Basta verlo en fotografías: ahí está con su cabello engomando, sus lentes gruesos, escuálido y sonriente a sus 21 años sin saber que en un año moriría en un avionazo junto a Ritchie Valens y Big Bopper. Sin saber que al morir un joven llamado Don McLean quedaría tan afectado por la noticia que compondría una canción donde se referiría a esa muerte como el día que la música murió. ¿El nombre de la canción? American Pie.

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Sin darse cuenta que justo a esa edad daría un concierto en Minnesota al que iría un joven granjero que al verlo decidiría dejar esa granja e intentar algo en el mundo de la música. ¿Su nombre? Robert Zimmerman.

Sí, ese que después se llamaría Bob Dylan. Tampoco sabría que en Inglaterra su fama sería un culto en la juventud, uno que haría que otro joven decidiera formar su primera banda copiando la formación con la cual Buddy Holly llegaría al estrellato: dos guitarras, un bajo y una batería. ¿Su nombre? Paul McCartney.

Menos que en los 90 una agrupación bastante ñoña, a la sombra del grunge y el alternativo, debutaría con un sencillo en su honor, uno que venía de un primer disco que posteriormente se convertiría en piedra angular del indie y el emo. ¿El nombre del grupo? Weezer.

Porque antes de morir a escasos 22 años, Buddy Holly era simplemente un chico muy bien portado que junto con los Crickets buscaba colocar su nombre dentro de las listas de popularidad; canciones como Rave on, Everyday o la fantástica Peggy Sue eran algunos de los éxitos de un artista que, lejos de la sexualidad con la que se satanizaba al rock de ese entonces o los escándalos que perseguirían a muchos de sus practicantes, simplemente cantaba sobre una América sumamente divertida e inocente.

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No eran letras o ritmos complicados, pero había algo tan grande que a 61 años de su fallecimiento uno vuelve a esa música y sonríe buscando refugio a un presente cada día más caótico.

Y si bien esta historia ya fue narrada anteriormente en la formidable película The Buddy Holly Story (1979), estos tiempos vaya que requieren un poco de confort y la noticia de una nueva biopic de este chico nacido en Texas nos da esperanza de que al fin se le haga justicia a una de las figuras más esenciales en la música.

Aquel que aún muerto siguió vivo. Y, ojalá, esta vez, no se nos olvide su nombre.

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