Vacuna y salud mental prioritarios tras el COVID

Ante el ritmo de 161 contagios de COVID-19, que llevamos de un día para otro en Puebla, que importante resulta que en el seno de la Organización Mundial de la Salud las naciones por fin logren dar al mundo la vacuna para detener la pandemia que recrudece todos los problemas económicos, políticos, sociales y religiosos de la humanidad.

Algunas naciones habían definido que ésta vacuna debería de ser solo para aprovechamiento de las naciones que aportaban para conseguirla. Afortunadamente el presidente de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesees sostiene que la vacuna debe de ser para todo el mundo, porque de lo contrario se corre el riesgo de que el virus se siga esparciendo por todas las regiones del mundo, pese a los cercos sanitarios.

Viendo el tema en perspectiva, la última pandemia que enfrentó el mundo fue la de la viruela, que costo la vida de 300 millones de personas en todo el mundo. Y también pudo ser controlada con el esfuerzo de la comunidad científica internacional que participó para obtener una vacuna para combatirla, pero sobre todo para prevenirla apenas en 1980.

Hoy se le apuesta a conseguirla los próximos meses para vencer al microscópico virus que se propaló por todo el mundo y suma más de medio millón de muertos apenas en menos de medio año.

La urgencia de conseguir la vacuna la han planteado mandatarios, la iglesia católica y todo el mundo, ante un contagio histórico.

En nuestro país ya va por los 12 mil decesos con 12 mil tragedias por cada caso enfrentado.

A las autoridades sanitarias del mundo preocupa el control, como parte de un programa para revertir tanta crisis que obliga a pensar y trabajar en políticas públicas de salud mental tras el encierro de casi 3 meses que no ha resultado fácil ni para las familias bien avenidas y mucho menos para aquellas que van al día y que enfrentan problemas de hambre.

 

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