Jorge Jiménez Alonso
01/12/2021 , 8:31 pm

2021, esperanza o incertidumbre apocalíptica

Nos preguntamos sobre la realidad que está aconteciendo en estos días. Tal parece que la incertidumbre se enseñorea sobre nuestras cabezas y mente, mientras en los hospitales aumentan exponencialmente los contagios, llevándolos al borde de la saturación; y los desenlaces fatales también están creciendo. Ahora, parece que las cifras oficiales ya no cuentan, son irrelevantes, porque sabemos que no reflejan la realidad, y como toda información, está “maquillada”, gente seria y conocedora del tema ha dicho que las cifras hay que multiplicarlas por 3. Así de trágico es el asunto.

Me da la impresión que la pandemia está creciendo o el virus es más letal o bien las dos cosas. El hecho es que prácticamente no hay familia en México, y no se diga en Puebla, que no tenga uno o varios familiares o conocidos muertos o contagiados, mientras los comerciantes del miedo y la salud hacen su agosto, y los pequeños y medianos empresarios están quebrando y millones de trabajadores han quedado sin empleo, dando la percepción de un panorama apocalíptico.

Y entonces nos preguntamos sobre la esperanza en este momento. Con ello, quienes nos interrogamos, lo percibimos no sólo como algo extremadamente angustiante, sino también como un momento donde no aparecen perspectivas diferentes, donde el porvenir no se nos presenta como un tiempo de claridad y de elevación, en medio de la fragilidad de nuestras instituciones y estructuras vigentes en la sociedad. Y a pesar de eso, precisamente porque buscamos mejores horizontes, hablamos de esperanza.

Pero no una esperanza ingenua sostenida en una fe infantil, que pone todo en las manos de un Dios como si fuera mago, o de un Dios que actúa como un cruel y despiadado juez. Yo hablo de una esperanza producto de lo que esta pandemia nos ha enseñado, fortaleciendo nuestra espiritualidad y nuestro yo interno, entendiendo y comprendiendo que nuestro cuerpo es el templo del PADRE y que Él está presente en todos y en todo, en medio de nuestra realidad, a pesar de nuestra incapacidad o ignorancia para entenderlo; asumiendo la necesidad de reconfigurar nuestra vida y nuestra sociedad e instituciones, lo mismo civiles que religiosas, para lograr urgentemente una profunda reconversión, de modo que esto que estamos viviendo tenga un sentido más allá del simple sobrevivir, del predominio del más fuerte, o en el de quedarnos en la sensación de fracaso, por tantas pérdidas humanas y económicas.

Alguna vez leí un texto que hablaba sobre la esperanza apocalíptica. Y hoy, que hablamos sin precisión de escenas dantescas como el Apocalipsis considero que hay que precisar. En realidad, “el Apocalipsis” es el mensaje de la esperanza, que decreta la certeza de la victoria final de la vida sobre la muerte y de la luz sobre la oscuridad.

Apocalipsis significa literalmente “revelación”, y San Juan establece y relata con toda precisión que, en los tiempos de mayor desolación, donde la muerte parecía tener la última palabra y en donde el mal aparentaba prevalecer, ahí se presenta la revelación de DIOS en su promesa absoluta de que “nunca abandonará a sus hijas e hijos”, y donde se expresa la incontenible fuerza de un DIOS de la vida que nos habrá de ofrecer un día nuevo, y para ello nos llama a la conversión profunda y a la confianza absoluta que pide actuar en consecuencia con el proyecto de Su Reino.

La promesa de DIOS asegura que “el mal y la muerte injustificada no tendrán jamás la última palabra, por más que parezca que hayan llegado a la cúspide”. ¡ESA ES NUESTRA ESPERANZA APOCALÍPTICA ANTE ESTA PANDEMIA!

Gracias Puebla. Te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.

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