Opinión

¿Leer o no leer?

12 enero, 2026 1:32 pm

Eduardo Pineda

Existe una multiplicidad de programas de fomento y promoción de la lectura, campañas y talleres en escuelas y centros culturales que nos invitan a leer; promocionales de librerías y salas de lectura; conferencistas y profesores que nos recitan a menudo las ventajas de leer y la importancia de hacerlo. Escritores, como Carlos Fuentes, que nos convidan a leerlo todo y leerlo ya. Episodios de televisión, radio, podcast y cine que nos muestran la lectura como el camino a la educación, el enriquecimiento de la sensibilidad y el aprecio por la cultura. Yo, por ejemplo, he escrito y disertado, casi imperativamente, sobre la lectura y su importantísima práctica durante las diferentes etapas de la vida y en los diversos contextos sociales.

Sin embargo, hoy quiero poner los puntos sobre las íes respecto de esa actividad humana para la cual nos entrenan —casi a todos— desde la infancia: discutir y reflexionar al respecto.

En principio, debemos preguntarnos si realmente leer nos hace “mejores personas”. Al respecto, podemos encontrar contraejemplos de hombres y mujeres que, siendo lectores asiduos, se recuerdan como tiranos, opresores, déspotas, corruptos y mafiosos; por ejemplo: Adolf Hitler, Iósif Stalin, Benito Mussolini, Carlos Salinas y uno nada breve etcétera. De manera que leer no es privativo de la construcción de conciencias nobles.

Por otro lado, he de abordar la lectura como una práctica que poco abona al desarrollo cognitivo, mental e intelectual cuando se trata de “literatura” carente de fundamentos, argumentos, estilos y ediciones adecuados que resulten en una obra con valor agregado que vaya más allá de hojas y tinta encuadernadas. Es decir, no solo se trata de leer, sino de qué leer, ya que de poco servirá hacerse acompañar por un libro y pasar la mirada por sus líneas en cada oportunidad que se tenga si estas no nos dicen algo que en realidad alimente nuestras conciencias.

Revisemos ahora la intención que motiva el acto de leer. Puede ser la búsqueda de entretenimiento, de emotividad y belleza, de información o simplemente leer por leer. Sin duda, lo aconsejable será tener claro para qué leemos cuando lo hacemos y, más importante aún, evitar que la motivación tenga un carácter egoísta; lo leído debe ser compartido. Esa es la naturaleza del libro desde su concepción en la antigüedad: al principio, compartido entre pares (monje a monje, sabio a sabio, filósofo a filósofo), pero en la actualidad —y desde hace tiempo— entre la sociedad en general. Leer debe tener como una de sus finalidades compartir lo leído mediante la oralidad o la escritura.

Respecto a los programas de difusión e invitación a la lectura, cito a Jorge Luis Borges: “El verbo leer, como el verbo amar, no soporta el modo imperativo. Leer es una forma de felicidad y no se le puede obligar a nadie a ser feliz”. Es decir, podemos invitar, proponer y convencer a alguien de leer, pero no podemos obligar, imponer o presionar a alguien para que lea.

Por último, nos detendremos en la apreciación común sobre la acumulación de libros sin leer; al respecto, suele decirse que no se deben adquirir más libros hasta concluir la lectura de los anteriores. Sin embargo, la respuesta a esa forma de concebir la posesión de libros es inmediata: los libros en un estudio, una biblioteca, una casa, una institución educativa o donde sea constituyen un proyecto de lectura, el acceso a la consulta de materiales bibliográficos en todo momento y la posibilidad de acudir a los libros cuando sea necesario. De manera que es muy recomendable hacerse de libros siempre que se tenga oportunidad, cuidarlos y tenerlos a la mano siempre.

Entonces:
Leer no garantiza que seamos buenas personas.
No todo libro es valioso para ser leído.
La lectura debe tener, entre sus intenciones, compartir lo leído a través de la conversación o la escritura.
Leer debe ser un acto por motu proprio y quienes ya gozamos de hacerlo podemos invitar a otros, así, como un exhorto.
Nada de “malo” hay en acumular libros; al contrario, brinda una posibilidad siempre.

Leído lo anterior, enfatizo la hermosa experiencia que resulta leer y más aún cuando lo hacemos libres de mitos y dimes y diretes al respecto: leer, así nada más, como quien come o bebe para nutrirse, como quien respira, como quien duerme, como quien sueña.

eptribuna@gmail.com





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