Opinión

Icono del amor en la literatura: Romeo y Julieta de Shakespeare

4 febrero, 2026 10:58 am
Eduardo Pineda

Verona, Italia, 1597.- Dos jóvenes mueren tras intenso amor, tras irreconciliable riña entre familias: los Montesco y los Capuleto; tras la discriminación por el status económico, por ser de diferente clase social, por no poder enfrentar la vida estando uno sin el otro.

Era Europa, era el Renacimiento y era la pluma y la tinta del máximo prodigio de las letras anglosajonas: William Shakespeare. La historia debía contarse en una oscilación entre comedia y tragedia, debía retratar los prejuicios de las familias adineradas, del pezzonovante de la iglesia y de la marcada –desde entonces– polarización social.

El argumento de la historia es el argumento de la sociedad racista y clasista, de la falta de aceptación de la otredad y del capricho de un apellido. Es un argumento que parece intrínseco a la especie humana, del que no hemos aprendido a liberarnos, mismo que sigue conduciendo al suicidio, que sigue enlazando a los amantes prohibidos, que sigue dando materia prima a los dramaturgos y novelistas, pero, ninguno como Shakespeare, ninguna historia está narrada con las exquisitas palabras que encontramos en cada línea de “The most excellent and lamentable tragedy of Romeo and Juliet”, título original de una de las más afamadas obras conocida con su nombre corto hispanizado: “Romeo y Julieta”.

La tragedia de estos amantes se desarrolla en Verona, en el corazón de la Italia del siglo XVI. Y es que no podía haber una mejor locación para tal enredo y tal desenlace. Italia, al igual que Francia, contiene ingredientes exacerbados de romance y seducción, ofrece al espectador un ambiente perfecto para suspirar y perder la noción del tiempo, para imaginar el delirio de un beso, la suavidad de una caricia y la fragancia de un cuerpo asido a otro en absoluta entrega y fusión de sus concavidades. Verona huele a tiempo, sabe a vino y aparece ante los ojos como lienzo de flores, pastos amarillos y altos y riachuelos que entonan la melodía de la calma sobre la cual se puede establecer una crónica de amor y fatalidad, cuya intensidad nos perpetúa un latir acelerado del corazón.

Por eso, pretextando el mes de febrero, con el entremés de las líneas de arriba y dado que reconozco en mis lectores a ávidos buscadores de experiencias culturales, recomiendo leer, una vez más, esta obra del inglés que dio pauta de cómo narrar, cómo contar una historia que no se pierda entre las millones de historias de amor y desamor que tanto se murmuran o se gritan en las mentes humanas que sin duda se ejemplifican en aquel suspiro e imaginación del cortejo de las almas que nos recuerda, en Romeo y Julieta: “Love, love madly, love more tan you can and if they say that it’s sin, and you’ll be innocent”.

Eduardo Pineda

eptribuna@gmail.com





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