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¿Sin nacimientos no hay progreso? México registra disminución en su población

Redacción  FECHA:  23 septiembre, 2026

La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 mostró que la tasa global de fecundidad cayó a 1.60 hijos por mujer, frente a 2.07 en 2018 y 2.21 en 2014. Es decir, en menos de una década el indicador descendió de manera considerable, ubicándose por debajo del nivel de reemplazo generacional.

La tendencia también se refleja en los registros de nacimiento, ya que en 2024 se contabilizaron 1 millón 672 mil 227 nacimientos registrados, mientras que en 2023 fueron 1 millón 820 mil 888. La tasa de nacimientos registrados pasó de 52.2 a 47.7 por cada mil mujeres de 15 a 49 años, una reducción de 4.5 puntos en un solo año.

De familias numerosas a familias pequeñas

Todo cambio normalmente es progresivo, no repentino; a mediados del siglo XX, México tenía una fecundidad cercana a siete hijos por mujer; desde entonces comenzó una caída sostenida asociada con la urbanización, una mayor escolaridad, el acceso a métodos anticonceptivos y la transformación de las expectativas sobre la vida familiar.

La educación de las mujeres ha sido especialmente clave en el cambio de un rol casi generacional, ya que datos históricos del INEGI muestran una relación inversa entre escolaridad y número de hijos: a mayor nivel educativo, menor fecundidad; influyendo a su vez el lugar de residencia, el acceso a servicios de salud reproductiva y las oportunidades de planificación familiar.

¿Hay más de un factor que deriva al cambio?

La maternidad y la formación de pareja tienden a ocurrir a edades más avanzadas; estudiar durante más años y participar en el mercado laboral también modifica los calendarios reproductivos. A esto se suman el costo de la vivienda, la crianza, la educación y la incertidumbre económica, factores que pueden llevar a retrasar la decisión de tener hijos o a reducir el número planeado.

Actualmente, para muchas personas jóvenes, tener hijos ya no constituye necesariamente una etapa obligatoria de la vida adulta, mientras que otras prefieren tener uno o dos hijos para poder combinar la crianza con sus proyectos profesionales, personales y económicos.

El descenso que también tiene un lado desigual

La caída de la fecundidad no ocurre de la misma manera en todo el país, en sí, registros apuntan la gran influencia de las condiciones socioeconómicas, mismas que siguen marcando diferencias importantes entre regiones y grupos de población.

Actualmente México se encuentra ante una paradoja demográfica: ya que durante décadas las políticas públicas buscaron reducir una fecundidad considerada demasiado elevada, ahora el país comienza a enfrentar las consecuencias de una fecundidad persistentemente baja.

Esto impacta en la integración de menos personas jóvenes a la población y una proporción creciente de adultos mayores, lo que plantea nuevos retos para las pensiones, servicios de salud, mercado laboral y los sistemas de cuidados que cada día enfrentan más retos sobre la calidad de atención y abastecimiento.





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