11/30/2021 , 9:20 am

El Plan de Ayala, desde otra mirada



“unos campesinos sin los estudios
complejos de derecho… pero con
la clara noción de justicia y legalidad
que intentaron implementar
paulatinamente con el
Plan de Ayala desde otra mirada.”

Del capítulo IV: “El Plan de Ayala
Desde otra mirada”

 

Este año, 2021, es el 110º Aniversario de la proclamación del Plan de Ayala, elaborado por el movimiento que encabezaba Emiliano Zapata en los Estados de Morelos y Puebla, que se denominaba como: Ejercito Libertador del Sur.

Éste, se sublevó en contra de las decisiones de Francisco I. Madero, al dar la espalda a sus propias promesas de regresar las tierras, que los hacendados de esos tiempos se habían apropiado para la siembra de la caña de azúcar, uno de los productos de mayor importancia económica en el país, incluso desde los tiempos de la colonia. Las tierras fueron arrebatadas a las poblaciones de estas regiones, que ya no tenían espacios para su simple autoconsumo, y esa fue la razón por la que se llevó a cabo la proclamación del Plan de Ayala.

El 28 de noviembre de 1911 ha quedado cada día mas lejos de lo que se vive en el país, en estos tiempos de 2021. Pareciera que se ha quedado como una mera fecha histórica y, sobre todo, que lo que ha sucedido con la revolución mexicana, a más de cien años de su inicio, es que ésta sólo se encuentra en los archivos históricos, en los libros, ensayos y tesis sobre la historia de México, y resguardada en los museos. Por ello, es que se ha olvidado en el día a día de ella, al grado en que parece que no sucedieron en estas regiones esos movimientos armados.

Y es que, 110 años después, el campo sigue alejado de las decisiones más importantes de la dirigencia del país, y siguen siendo igual de golpeadas las poblaciones rurales como sucedía antes. Basta con observar que, hoy, México depende económicamente, después de la pandemia, de las remesas.

Es decir, del envío de dinero de los mexicanos, quienes una gran mayoría son campesinos y gente de poblaciones rurales, que ante la falta de oportunidades han tenido que migrar al extranjero, y son estos los que envían dinero a sus familias desde esos lugares tan lejanos, y que, afortunadamente, son los que paradójicamente sostienen hoy la economía del país, porque las actuales políticas económicas de la nación como que no quieren ver otras alternativas económicas, más que vivir como se vive en los gobiernos centroamericanos, dependiendo de las simples remesas y con la inseguridad pública, invitando a la población a seguir migrando.

Prueba de ello están las caravanas de miles de personas que, saliendo de los países centroamericanos y de algunas islas del Caribe, están atravesando a pie el territorio nacional para lograr llegar a Estados Unidos de América.

Otros más son los que migran a las grandes ciudades, lo que ha sucedido desde las décadas de los sesenta y setenta del siglo XIX, que se debió a la existencia de trabajos mejor remunerados, pero sobre todo más seguros que la vida en el campo. Y así, muchos de ellos, se quedaron en las grandes metrópolis de la nación, como obreros de las empresas y fábricas que en esos tiempos existían en México, hasta que llegaron las crisis económicas de los ochenta, las grandes inflaciones y la firma del primer tratado de libre comercio con Estados Unidos de América y Canadá.

A partir de esas fechas, se convirtieron, en muchas de las ocasiones, en desempleados de esas fábricas que, sin la menor ayuda del gobierno, quedaron en la ruina y, por tanto, esos trabajadores también. Por ello es que tuvieron que volverse oficiales de albañilería, plomería y demás, pero ya no regresaron a sus poblaciones de origen, porque en esos lugares las cosas estaban peor.

Pero esto no es todo, a 110 años de ese Plan de Ayala, los campos y los campesinos están tan tirados a su suerte. Observamos cómo los que no corren con la suerte de la migración, quienes son los que se quedan en sus propias poblaciones, resultan desplazados por los grupos criminales, y de paso por las mineras, como es en el caso del Estado de Guerrero.

No se requiere de los campesinos para sembrar productos que son utilizados por el narcotráfico, porque son ellos mismos los que realizan esa labor y llevan personal para la siembra y la cosecha. Por ello, los campesinos propietarios de esas tierras son desplazados, también porque estorban a la industria minera para devorar las tierras ricas de minerales necesarios para su exportación.

En otros casos, son desplazados por la industria de alimentos, las grandes extensiones de tierra para la siembra y exportación de productos agrícolas. Los menos afortunados, son engañados por los desarrolladores inmobiliarios para apropiarse de sus tierras y convertirlas en campos de golf, en zonas turísticas o en residenciales.

A 110 años del plan de Ayala, pareciera que se celebró en tierras muy lejanas y no es así, se firmó en una pequeña población del municipio de Huehuetlan el Chico, de nombre Ayoxuxtla, en el propio Estado de Puebla. (Web: parmenasradio.org).