
Nueva Alianza Puebla: un partido en estado de coma
¿Qué pasa con el Partido Nueva Alianza en Puebla? ¿El instituto político identificado históricamente con el magisterio todavía existe? ¿Dónde están sus liderazgos y qué papel jugará en el próximo proceso electoral? Son preguntas que vuelven a surgir cuando el calendario político comienza a marcar la cuenta regresiva hacia las próximas elecciones.
Y es que, al parecer, los actores de Nueva Alianza únicamente asoman la cabeza cuando los procesos electorales están a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, su dirigente estatal, Emilio Salgado Néstor, permanece prácticamente ausente de la escena pública, al menos en lo que respecta a la actividad política visible del partido.
En la elección pasada, Nueva Alianza logró mantener el registro gracias a su participación en una coalición encabezada por Morena, una alianza que obtuvo resultados contundentes en Puebla. Sin embargo, ese escenario favorable no parece haberse traducido en un trabajo permanente de fortalecimiento de las bases ni en una estrategia para consolidar al partido como una fuerza política con identidad propia.
Por el contrario, la percepción es que la organización ha permanecido inmóvil, sin una presencia territorial sólida y sin una dirigencia capaz de entusiasmar a sus militantes. En política, sobrevivir a una elección no necesariamente significa tener futuro.
La inconformidad ya llegó al magisterio.
El fin de semana pasado, los dirigentes magisteriales Alfredo Gómez y José Luis González exigieron la renuncia de Emilio Salgado, al considerar que durante nueve años el partido ha permanecido prácticamente en estado de coma, mientras su dirigente se resiste a dejar el control de la organización.
El reclamo no es menor. Nueva Alianza nació con una importante vinculación con el sector educativo y con una estructura que, en teoría, debería permitirle mantener presencia entre maestras, maestros y trabajadores de la educación. Sin embargo, esa fortaleza no puede depender únicamente de las relaciones políticas ni activarse cada vez que se acerca una elección.
Un partido que no escucha a sus bases, que no renueva sus cuadros y que carece de una estrategia permanente corre el riesgo de convertirse en una estructura electoral sin mayor trascendencia.
Por eso, la exigencia de un cambio en la dirigencia abre una discusión de fondo: ¿quién debe conducir el futuro de Nueva Alianza en Puebla? La respuesta tendría que pasar por los verdaderos liderazgos del magisterio, por la militancia y por quienes estén dispuestos a reconstruir una organización que necesita recuperar credibilidad, presencia y rumbo.
Y aquí hay otro tema que no debe pasar inadvertido: las mujeres.
Si el discurso político habla de abrir espacios para ellas y de reconocer su capacidad para encabezar proyectos, Nueva Alianza tiene la oportunidad de dar un paso en esa dirección. Las maestras representan una fuerza importante dentro del sector educativo y su participación no debería limitarse a respaldar decisiones tomadas desde las cúpulas.
Es momento de que los liderazgos magisteriales volteen la mirada hacia ellas y consideren la posibilidad de que una mujer encabece esta nueva etapa del partido.
Como ha señalado el gobernador, es tiempo de las mujeres. Y si Nueva Alianza pretende renovarse, podría encontrar precisamente ahí una oportunidad para romper con la inercia, recuperar la confianza de sus bases y construir una nueva historia política.
Este periodista, por cierto, ya sabe quién podría convertirse en la próxima dirigente estatal. Pero esa, como se dice en estos casos, es otra historia.
Nos leemos en la próxima entrega.








