
¿Duermes con mucha luz? Investigaciones apuntan una posible afección al corazón
La forma en que solemos dormir podría no influir de ninguna forma en nuestro bienestar, ya sea con la luz apagada o demasiado ruido, ciertos elementos pueden dificultar el descanso. Una investigación publicada recientemente encontró una asociación entre una mayor exposición a la luz durante la noche y cambios en la estructura y funcionamiento del corazón.
El estudio, publicado en European Heart Journal, analizó a más de 11 mil personas del UK Biobank que utilizaron dispositivos capaces de registrar la exposición a la luz. Posteriormente, los investigadores evaluaron su corazón mediante resonancia magnética.
Los participantes que estuvieron expuestos a niveles elevados de luz durante la noche presentaron, en promedio, un 2.4% mayor masa del ventrículo izquierdo y un 1.5% mayor grosor de sus paredes, además de una disminución de algunos indicadores relacionados con la capacidad de contracción del músculo cardíaco. También se observaron modificaciones en el ventrículo derecho y la aurícula izquierda.
La investigación no significa que dormir una noche con una lámpara encendida vaya a dañar el corazón de manera inmediata. Se trata de asociaciones observadas en un estudio poblacional, por lo que no demuestra por sí solo que la luz sea la causa directa de las alteraciones.
Lo que sí resulta relevante es que los investigadores encontraron una relación gradual: a mayor exposición nocturna a la luz, mayores eran las alteraciones observadas. Parte de esa relación parecía explicarse por una reducción en la duración del sueño.
La explicación puede estar relacionada con el funcionamiento del reloj biológico. La luz es una de las principales señales que utiliza el organismo para distinguir entre el día y la noche. Cuando existe iluminación durante las horas destinadas al descanso, puede mantenerse activo el sistema nervioso que prepara al cuerpo para permanecer despierto.
Investigaciones experimentales anteriores ya habían observado que dormir bajo una iluminación moderada puede aumentar la frecuencia cardíaca, disminuir la variabilidad de la frecuencia cardíaca y alterar la sensibilidad a la insulina durante la mañana.
Cabe destacar que otro estudio publicado en 2025, con casi 89 mil participantes, encontró que las personas expuestas a los niveles más altos de luz nocturna presentaban mayores riesgos de enfermedad coronaria, infarto, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular y accidente cerebrovascular frente a quienes tenían noches más oscuras.
Los resultados apuntan a una idea sencilla: la oscuridad durante el sueño no es simplemente una cuestión de comodidad, sino una señal biológica que ayuda al organismo a mantener sus ritmos normales que pueden favorecer un ambiente más adecuado para dormir.







