
Archivos desclasificados revelan que la CIA operó en el Movimiento de Tlatelolco
Nuevas revelaciones basadas en documentos difundidos por el National Security Archive sacan a la luz la injerencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense en las dinámicas universitarias y políticas de México durante los años de la Guerra Fría.
De acuerdo con los archivos, la agencia destinó recursos económicos y coordinó operaciones de infiltración orientadas a respaldar a agrupaciones estudiantiles de derecha tanto antes como después de la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.
El rol del grupo MURO y el control de la disidencia
Los informes de inteligencia señalan que la CIA respaldó activamente a organizaciones de corte ultraderechista, entre ellas el Movimiento Universitario de Renovación Orientadora (MURO), operando bajo proyectos encubiertos como el denominado LIHUFF.
Documentos internos detallan que este tipo de agrupaciones —que contaban con cientos de integrantes en instituciones como la UNAM, así como en las universidades estatales de Puebla y Guadalajara— realizaban labores sistemáticas de hostigamiento, espionaje y confrontación contra sectores estudiantiles de izquierda y simpatizantes de movimientos procastristas.
Nexos con la Dirección Federal de Seguridad (DFS)
La red de influencia estadounidense no se limitó al trabajo ideológico o de contrainsurgencia universitaria. Una revisión interna de los archivos de la agencia estadounidense fechada en 1969 documenta la entrega de 4 mil dólares por parte de la estación de la CIA en México a Fernando Gutiérrez Barrios, entonces director de la temida Dirección Federal de Seguridad (DFS). Dicho recurso económico tuvo como propósito financiar la movilización y organización de choque de militantes del MURO durante una protesta frente a la Embajada de la Unión Soviética en la Ciudad de México.
Alcances y límites históricos
A pesar de la contundencia de los expedientes en cuanto al espionaje, el flujo de dinero y la manipulación de la percepción pública —que alimentaban la narrativa de que el comunismo internacional controlaba el movimiento democrático estudiantil de 1968—, los investigadores del National Security Archive apuntan que los documentos disponibles no comprueban que la CIA haya ordenado o participado de manera directa en la ejecución de la masacre perpetrada en la Plaza de las Tres Culturas.
Las operaciones de control político y contrainsurgencia contra sectores de izquierda continuaron durante los años posteriores a Tlatelolco; sin embargo, gran parte de los expedientes sobre el nivel de coordinación exacta entre la agencia norteamericana y los mandos represivos del Estado mexicano en aquellos años críticos permanece clasificada o bajo estricto secreto.








