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Caso Michoacán revela vacío en la educación familiar y riesgos digitales

27 marzo, 2026 12:17 am
Rafael Murillo

Puebla, Pue.- El asesinato de dos profesoras a manos de un adolescente de 15 años en Lázaro Cárdenas estremeció a Michoacán y al país. El caso sigue rodeado de incógnitas mientras las autoridades estatales continúan con las investigaciones.

Hasta ahora se sabe que el arma tipo AR‑15 utilizada por Osmar no estaba registrada y que ingresó al plantel dentro de un estuche de guitarra. En un inicio se señaló que el fusil pertenecía a su padrastro, integrante de la Marina Armada de México, pero él negó esa versión y aseguró que el armamento permanece en la base cuando los elementos salen francos.

Las autoridades aún investigan cómo obtuvo el arma, quién se la proporcionó y por qué la tenía en su poder. También continúa la búsqueda del teléfono celular del adolescente, considerado clave para conocer posibles contactos o influencias previas al ataque.

Mientras tanto, familiares de las víctimas exigen que el joven sea juzgado como adulto. Argumentan que, según la legislación de Michoacán, un menor sólo puede permanecer tres años en el Consejo Tutelar para Menores Infractores, por lo que piden que el delito sea tipificado como feminicidio.

“Osmar no es producto de la nada”: investigadora

La doctora Laura Bárcenas, investigadora y catedrática de la Ibero Puebla, explicó que Osmar “no es un producto de la nada”, sino el resultado de múltiples factores: lo que veía en redes sociales, su entorno familiar y las relaciones que establecía en la escuela o con otros jóvenes.

Señaló que muchas familias viven con tal prisa que descuidan la atención a sus hijos. El trabajo y otras actividades desplazan la convivencia, y niños y adolescentes terminan creciendo solos, sin guía ni límites claros. “La educación y la formación de padres a hijos está fracasando”, advirtió.

La investigadora subrayó que la mayoría de los menores pasa demasiado tiempo en redes sociales, sin supervisión sobre lo que consumen o con quién interactúan. “Un niño o joven necesita saber hasta dónde puede llegar”, afirmó.

Incel: de comunidad de apoyo a espacios de odio

Bárcenas alertó sobre la creciente influencia de la cultura “incel“, cada vez más presente en redes sociales y foros digitales.

El término —abreviatura de involuntary celibate o “célibe involuntario”— surgió hace unos 30 años en un sitio creado por una joven canadiense que buscaba apoyar a personas solitarias. Con el tiempo, algunos grupos transformaron ese espacio en comunidades que promueven discursos de odio, especialmente contra las mujeres, a quienes responsabilizan de su frustración afectiva o sexual.

Hoy, muchos adolescentes se encuentran con estos contenidos desde sus dispositivos móviles, sin acompañamiento adulto. “No hay quien les ayude, no hay quien los guíe, y terminan adoptando un odio hacia las mujeres a partir del rechazo o de lo que escuchan en esos espacios”, explicó.

La adolescencia sin acompañamiento

La catedrática recordó que la adolescencia es una etapa compleja que requiere apoyo constante de los padres, pese a las múltiples ocupaciones de la vida adulta. La ausencia emocional y física en casa empuja a niños y adolescentes a buscar respuestas en redes sociales o incluso en inteligencias artificiales, espacios donde no siempre encuentran orientación adecuada.





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