
Documenta BUAP pasado marino de Puebla con fósiles de 90 millones de años
Redacción Tribuna
En el Laboratorio de Paleobiología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la BUAP, el doctor Carlos Castañeda Posadas “resucita a los muertos” a través de los fósiles, que son evidencia de vida en el pasado. Al estudiarlos, conoce cómo ha sido la evolución de la biodiversidad del estado y del centro de México en los últimos 90 millones de años.
“La idea de este laboratorio no sólo es hacer ciencia básica descriptiva, sino tener las bases de cómo está cambiando nuestro planeta. No hay una bola mágica que presagie el futuro; lo que sí tenemos es la evidencia científica de lo que sucedió en el pasado, y eso nos ayuda a saber cómo se transforma la naturaleza. Tenemos las variables biológicas, estudiamos cómo se modifican a través del tiempo y así ayudamos a la sociedad a conocer qué pasará”, refiere el investigador de la BUAP.
El pez ágil de la BUAP
En este laboratorio los proyectos son diversos; entre ellos destaca el hallazgo, en 2025, por parte del estudiante de posgrado Carlos Iván Medina Castañeda, de un nuevo género y especie de pez, el Buapichthys gracilis, que significa “pez ágil de la BUAP”, el cual se estima vivió hace 90 millones de años, en el periodo Cretácico, en lo que hoy se conoce como Molcaxac, Puebla.

Buapichthys gracilis es un pez ancestral que daría origen a los que actualmente conocemos, por ejemplo, los peces arrecifales. El trabajo del estudiante de posgrado, asesorado por los doctores Carlos Castañeda y Kleyton Magno Cantalice, investigador de la UNAM, implicó más de dos años de arduo trabajo, en el que la paciencia, la observación, el análisis comparativo y la descripción de huesos fueron clave. Al concluir, se publicó un artículo en la revista científica internacional Cretaceous Research, lo que permitió que la comunidad científica global aceptara este hallazgo y su nombre.
Iván Medina explicó que, durante el Cretácico, el territorio que hoy es Puebla era un mar interior en Norteamérica y la vida que alguna vez tuvo quedó plasmada en rocas como las de la cantera de San José de Gracia, localizada en el municipio de Molcaxac, donde justamente se hallaron las muestras de este pez. Puebla es una región rica en fósiles marinos, debido a su pasado geológico.
Reconstruyendo la megafauna
Otra línea de investigación de este laboratorio se enfoca en hallar, rescatar y estudiar los restos de megafauna como mamuts, bisontes, caballos y gliptodontes, entre otros. Para este trabajo, el doctor Castañeda Posadas, junto con su equipo de estudiantes de licenciatura y posgrado, realiza excavaciones en el Ecocampus, donde han encontrado este tipo de fósiles.

También llevan a cabo la reconstrucción de la flora del pasado en la Cuenca Puebla-Tlaxcala, al estudiar maderas, hojas y polen, para conocer cómo cambió la vegetación en 15 millones de años, además de encontrar evidencias de cómo podría comportarse en el futuro.
“De los registros fósiles y de los sedimentos de la tierra reconstruimos la vegetación de una zona. Por ejemplo, cada grano de polen es una huella digital de las plantas que existieron; con su identificación y asociación podemos saber qué flora había en la región. Para determinar estas características, lavamos kilos de sedimentos con ácidos para disolver la roca, hasta quedar sólo una pequeña pastilla del tamaño de una lenteja, la cual se analiza a nivel microscópico para identificar los pólenes y saber qué tipo de vegetación era. Aquí encontramos desde pinos y encinos, que muestran elementos arbóreos, hasta pastos y hierbas como asteráceas, amarantos o maíz, que hablan de perturbaciones en la vegetación. Cada uno de estos fósiles revela diferentes estructuras vegetales a través del tiempo”.
En cuanto a las ventajas de instalarse en el Ecocampus, el doctor Carlos Castañeda refiere que esta sede funciona como un laboratorio natural:
“Aquí no tenemos que ir a kilómetros de distancia para buscar fósiles; hemos encontrado en el campus partes de mamuts o gliptodontes que vivieron en el Pleistoceno. No sólo es un centro de investigación y ahora también de docencia con CU2, sino un área natural protegida que guarda mucha información sobre sus recursos naturales, vegetación y fauna. Todas estas evidencias están bajo resguardo de la colección paleontológica de la BUAP, ya que se cuenta con una certificación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), lo que la convierte en la única institución educativa en el estado con esta acreditación”.







