El narco desaloja un pueblo de Guerrero a bombazos
AFP
Chilapa De Alvarez, México.- El silencio de la madrugada se rompió cuando los perros comenzaron a ladrar. Minutos después, un grupo armado irrumpió en la comunidad indígena de Tula, en la sierra de Guerrero. Los atacantes dispararon contra los habitantes, bombardearon viviendas con drones y obligaron a decenas de familias a huir. El poblado quedó reducido a escombros.
Según autoridades comunitarias, el ataque fue atribuido a Los Ardillos, un grupo criminal señalado por actividades de narcotráfico, extorsión y secuestro en la región. Las autodefensas del Consejo Indígena Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) reportaron al menos tres personas asesinadas, aunque no existe un conteo oficial.

Tula quedó destruido: casas quemadas, animales heridos y familias desplazadas
Tras el ataque, periodistas de AFP constataron que varias viviendas quedaron completamente destruidas. El techo de lámina de una casa colapsó por las explosiones; en otra, solo quedaron un catre quemado, una estantería metálica retorcida y los restos de un ventilador. Vidrios rotos, casquillos y paredes perforadas por balas cubren las calles polvorientas.
Entre los testimonios más dolorosos está el de María Cabrera, artesana de 74 años, quien perdió su hogar y su trabajo. “Todo quedó en cenizas. Me da tristeza porque quemaron lo que hacía para vivir”, lamenta mientras se cubre el rostro con una frazada.
Los Ardillos atacaron comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero
Buscan apoderarse del territorio
Las comunidades de Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán y Alcozacán estuvieron bajo fuego #SomosRedd pic.twitter.com/83YgXNVkvP
— Noticias RedMX (@noticiasredmx) May 10, 2026
Los animales también quedaron abandonados: cabras heridas, gallinas, perros y chivos deambulan entre los restos de las casas sin nadie que los alimente.
Desplazados en Alcozacán: ayuda limitada y presencia insuficiente de autoridades
Tras la violencia, más de un centenar de habitantes se refugiaron en Alcozacán, a 15 minutos de Tula. Allí reciben alimentos básicos como leche, harina para tortillas y enlatados. La mayoría son mujeres indígenas que conservan sus vestimentas tradicionales.
Aunque elementos de la Guardia Nacional vigilan la zona, los pobladores aseguran que su presencia no ha frenado la violencia. No hay detenidos, decomisos ni operativos contra laboratorios de droga.
La presidenta Claudia Sheinbaum declaró recientemente que el objetivo del gobierno federal es “pacificar mediante el diálogo”, pero las comunidades afectadas consideran que la estrategia no ha logrado contener a los grupos criminales.
Velorio comunitario y resistencia indígena ante Los Ardillos
En una casa improvisada como capilla, los habitantes velan a los integrantes del CIPOG-EZ que murieron defendiendo el poblado. “Resistieron hasta donde pudieron”, afirma Sixto Mendoza, representante del consejo indígena.
Una procesión encabezada por mujeres avanza hacia el cementerio en lo alto de la montaña. Entre las ofrendas destacan las botas tácticas y las camisetas de los autodefensas caídos. La pareja de uno de ellos, una joven de 16 años, se dice “derrotada” tras perder a su compañero y a su tío.
🔴⚡️#ALERTA Mujeres desplazadas por la violencia que se vive en comunidades de la Montaña de Guerrero piden la intervención del Gobierno de EU y de Donald Trump 🇺🇸para detener los ataques de integrantes de Los Ardillos en zonas como Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán. pic.twitter.com/6QwQbEWMl9
— César Cepeda (@cesarmty) May 12, 2026
Los Ardillos buscan desarticular a las comunidades que apoyan al CIPOG-EZ
De acuerdo con el especialista en seguridad pública David Saucedo, Los Ardillos no buscan instalarse en Tula, sino destruir los pueblos que brindan apoyo logístico al CIPOG-EZ. Su objetivo sería impedir que las autodefensas tengan lugares para curarse, abastecerse, descansar u ocultarse.
Saucedo advierte que los ataques contra comunidades indígenas han aumentado debido a la expansión territorial del grupo criminal.
“Jamás voy a regresar”: el miedo domina a los sobrevivientes
Para muchos habitantes, volver a Tula no es una opción. “Jamás voy a regresar”, sentencia María Cabrera, quien perdió su casa y su forma de vida. El miedo a nuevos ataques y la ausencia de garantías de seguridad mantienen a las familias lejos de su comunidad devastada.







