Larry, el gato que ha sobrevivido transiciones de poder en Reino Unido
En redes sociales suele ser retratado como el único funcionario capaz de sobrevivir a todas las crisis políticas del país
Londres, Reino Unido.— En una época en la que los gobiernos cambian con rapidez, sucesos inesperados ocurren y el famoso lema “el show debe continuar”, existe una figura que se ha convertido en símbolo de estabilidad en la política británica: Larry, el famoso gato de Downing Street.
Larry llegó al número 10 de Downing Street en febrero de 2011, tras ser adoptado del refugio de animales Battersea Dogs & Cats Home con una misión muy particular: combatir la presencia de ratones en una de las sedes principales del gobierno británico. Desde entonces, ostenta el título oficial de “Chief Mouser to the Cabinet Office” (Jefe Cazador de Ratones del Gabinete).
Lo que comenzó como una curiosa solución a un problema de roedores terminó convirtiéndolo en una celebridad internacional. A sus 19 años, Larry ha atestiguado una serie de eventos imprescindibles en la historia política y social de Reino Unido.
Desde la pandemia de Covid-19 (2020), la separación de Reino Unido de la Unión Europea (Brexit, 2016), la transición de la corona entre la reina Elizabeth II a Charles III y el paso de seis primeros ministros: David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Keir Starmer. Ahora, tras los recientes cambios políticos en Reino Unido, se prepara para recibir al séptimo ocupante del cargo.
“I have accepted Keir Starmer’s resignation as my chief servant and have invited Andy Burnham to lay out details for how many meals a day he’ll give me” pic.twitter.com/7Ix95PMsN7
— Larry the Cat (@Number10cat) June 22, 2026
Actualmente su popularidad es tal que muchos británicos bromean con que los primeros ministros son temporales, mientras que Larry es el verdadero jefe de Downing Street.
Además de cazar ratones, Larry ha saludado a presidentes, reyes y líderes mundiales, convirtiéndose en una de las figuras más fotografiadas del gobierno británico, demostrando que, a veces, la estabilidad política puede tener cuatro patas y bigotes.







