
El México Mañanero
Me encanta ver las “mañaneras” de la presidenta.
¿Sabes por qué?
Porque solo ahí escucho lo que quiero escuchar.
Que vamos muy bien y entiendo que nos comemos al mundo a puños.
Los números siempre me hablan del control de los problemas, de la pujanza de mi país y, la verdad, eso me infunde ánimo para enfrentar el día a día.
No me siento a gusto con aquellos que, con tanto desastre, me conducen a la preocupación y el desánimo.
Lo lamentable es que entre el México que me dibujan en las mañaneras y el México en el que me desenvuelvo día con día, hay una terrible brecha insalvable.
Me hablan de que todo va mejor, de que la delincuencia viene a la baja —pese a que cada día hay asaltos, robos, calcinados, desmembrados y ejecutados, colgados hasta por decenas—, de que hay una fila de inversionistas, dólares en mano, dispuestos a sembrar sus capitales en suelo mexicano.
Que los aranceles que ponga el señor Trump, a nosotros nos hacen el mandado.
El México dibujado permite generar empleos, seguridad, estabilidad y, con las acciones honestas de servidores impolutos, trabajadores, incorruptibles, todo es coser y cantar.
Pero los números hablan por sí solos.
En materia de empleo se reporta que el primer semestre del año se perdieron 293 mil 227 puestos formales.
Número que de verdad preocupa y enciende alarmas sobre el futuro inmediato.
Junto a este dato se revela que en el mismo lapso 141 mil 148 personas, sin otra alternativa, se han visto obligadas a improvisarse como vendedores ambulantes.
Este número uno lo entiende, la gente sin opciones en el mercado laboral tiene que recurrir a lo posible y digno para sacar a su familia adelante.
Este tema tiene muchas aristas, ha bajado el consumo por falta de poder adquisitivo. Habla de una contracción económica.
Pero, sobre todo, se le adjudica a las autoridades municipales, a las que se les responsabiliza de la proliferación de vendedores en las calles, como resultado de una falta de autoridad para reprimir el fenómeno.
Surge la obligada pregunta: ¿cómo dar acomodo en la formalidad a quien se quedó sin trabajo, sin ingresos?
Habrá que remontarse a la necesidad de generar empleos formales. Y, para esto, las autoridades tendrán que asumir con seriedad la responsabilidad de gobernar con un equipo comprometido que no solo se dé a la tarea de afrontar los efectos de los problemas, sino ir a las causas.





