
OMS teme un alto brote de enfermedades en Venezuela
A una semana del impactante “doble sísmico” que azotó a Venezuela, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido una alerta crítica ante el inminente riesgo de brotes de enfermedades en el país. El colapso parcial de la infraestructura sanitaria y la crisis en los servicios básicos han dejado al sistema de salud bajo una presión extrema.
Una crisis sanitaria en desarrollo
El portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, informó en Ginebra que los centros hospitalarios están operando por encima de sus capacidades, saturados por la afluencia masiva de pacientes con traumatismos derivados de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la región el pasado 24 de junio.
La interrupción de las redes de agua potable y saneamiento, sumada al desplazamiento forzado de miles de personas, ha creado las condiciones ideales para la propagación de agentes patógenos. Según el organismo, existe una preocupación latente por el resurgimiento de enfermedades prevenibles mediante vacunación, tales como: Sarampión, difteria y tos ferina.
Asimismo, las autoridades sanitarias alertaron sobre un probable incremento en la transmisión de enfermedades vectoriales e hídricas, incluyendo fiebre amarilla, dengue, chikunguña, zika, oropouche y malaria.
Hospitales al límite
El impacto en la infraestructura hospitalaria es severo. Según datos proporcionados por las autoridades locales, 38 hospitales han resultado afectados por los movimientos telúricos. Al 27 de junio, la OMS había verificado la situación de 21 centros en Caracas, La Guaira, Miranda y Falcón, constatando que:
Tres establecimientos se encuentran en estado crítico.
Seis presentan daños estructurales graves o funcionamiento parcial.
El resto opera bajo condiciones de extrema restricción y saturación.
Un panorama desolador
La emergencia ha cobrado la vida de 1.719 personas, mientras que 5.034 han resultado heridas. Paralelamente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que unas 50.000 personas permanecen desaparecidas, lo que mantiene a los equipos de rescate en una carrera contra el tiempo en las zonas más afectadas, particularmente en La Guaira, considerada la “zona cero” de la catástrofe.
El colapso de los servicios forenses y las morgues, sumado a las dificultades para el registro de víctimas, complica aún más las labores de ayuda humanitaria. La comunidad internacional continúa movilizando equipos de rescate y asistencia, mientras el gobierno venezolano trabaja en la planificación de campamentos transitorios para los miles de damnificados que han perdido sus hogares.







