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¿Por qué colapsan las montañas de Nepal? La ciencia tras el desastre

La combinación de monzones extremos, inestabilidad geológica y la degradación del permafrost desencadena devastadores deslizamientos de tierra en Nepal.

Redacción  FECHA:  28 septiembre, 2026

Nepal.- Los severos desprendimientos de tierra registrados en Nepal han causado graves estragos en las zonas montañosas, bloqueando valles y sepultando laderas completas. Más allá del impacto inmediato, este tipo de fenómenos responde a una interacción de variables geológicas y atmosféricas características de la cordillera más alta del mundo.

El impacto de la precipitación acumulada durante el monzón

A diferencia de los eventos provocados por lluvias puntuales, los colapsos masivos en Nepal suelen ser el resultado directo del ciclo monzónico, que se extiende aproximadamente de junio a septiembre. Durante estos meses, el terreno absorbe volúmenes de agua constantes hasta alcanzar un nivel crítico de saturación.

Cuando masas de aire húmedo encuentran la barrera geográfica del Himalaya, se producen precipitaciones de gran intensidad en períodos reducidos, superando con frecuencia los 300 milímetros en un solo día. Bajo estas condiciones, la capacidad del suelo para filtrar agua queda totalmente anulada, derivando en escorrentías superficiales de gran velocidad y poder destructivo.

Inestabilidad de las capas rocosas y la mecánica de fluidos

El factor estructural es igualmente determinante. Al tratarse de una cadena montañosa joven surgida del choque de las placas India y Euroasiática, la actividad tectónica constante genera fracturas microscópicas y grandes grietas en el sustrato rocoso.

Cuando las filtraciones alcanzan estas grietas profundas, se eleva la presión de los fluidos internos. Este fenómeno reduce la fricción entre las distintas capas de roca, actuando como un lubricante natural. La pérdida de estabilidad hace que extensos bloques de tierra y roca se comporten como flujos densos capaces de descender a velocidades superiores a los 50 km/h.

Pérdida del hielo subterráneo y alteración del equilibrio térmico

En las cotas más elevadas, el calentamiento atmosférico introduce una variable adicional: la pérdida gradual del permafrost. Esta capa de hielo subterráneo ha servido históricamente como aglutinante estructural en las pendientes escarpadas.

Al derretirse debido al incremento de las temperaturas, el material rocoso y los sedimentos pierden su cohesión, quedando expuestos y vulnerables. Ante la llegada de precipitaciones torrenciales, este material suelto es arrastrado con facilidad hacia las gargantas y lechos de los ríos, remodelando el paisaje de la región de forma acelerada.





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