Sin hilos
Cuando en 1882 el diario italiano Gionale Per i Bambini publicó el primer capítulo de Las aventuras de Pinocho seguramente ni su autor, Carlo Collodi, o el diario mismo, comprendieron el fenómeno que estaban desatando: la historia de un niño de madera que buscaba que el hada azul lo convirtiera en un niño de verdad era un cuento de hadas mucho más obscuro que lo habitual.
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Se trataba de un relato donde la magia existía pero no era suficiente para salvar a su protagonista de las múltiples desgracias en las que caía. Se trataba de un mundo obscuro que haría palidecer a los dramas de Andersen o la crueldad de Perrault.
A diferencia de lo que nos cuenta la legendaria y fantástica película de Disney, el Pinocho de Collodi dista mucho de ser ese ser inocente y encantador, al contrario, se trataba de un personaje altanero, berrinchudo, imprudente e ingenuo, haciendo más fácil para su autor el meterlo en un sin número de problemas sumamente crueles y estrafalarios de los cuales solo se libraba gracias a extraños a los que, generalmente, dejaba en el camino.
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La abierta crueldad del autor hacia su personaje (al cual en algún momento mató para revivirlo posteriormente mas “noble” por petición de sus fans) servía como una fábula de moraleja obvia: disfruta la inocencia, no te metas en problemas, no confíes en extraños y así serás un ciudadano modelo. Mientras Collodi causaba sensación con su cuento, Italia, Alemania y el Imperio austrohúngaro firmaban la llamada Triple Alianza que promovía una unidad entre esas tres naciones apartándose una Francia que había dominado a Europa tantos años.
Muchos años después y lejos de la política, un niño llamado Guillermo del Toro veía fascinado Pinocho, encontrando una fábula que no solamente lo enamoraría del arte sino que también inspiraría el suyo. Difícil no ver sombras de Pinocho en sus posteriores obras maestras como El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo y -principalmente- en Hellboy: estos niños huérfanos que son martirizados por un mundo obscuro del que la única esperanza para poder sortear es conservar la inocencia a pesar del traqueteo.
La inocencia como magia.
La noticia de una nueva versión de Pinocho, producida por Netflix y dirigida por Del Toro (con un guion de Patrick Hale) promete poner las cosas en su lugar con un espíritu mucho mas cercano a la obra original y lejos de la política que la inspiró, pero con ese mensaje eterno que de niño lo inspiró para ponerse a crear.
La magia como la salvación de la inocencia.
Y pocas cosas tan mágicas como el cine.