Opinión

Agile Work: cómo evitar desperdiciar seis horas de trabajo

3 febrero, 2026 7:01 am
Alejandro Kasuga

Vivimos en una época en la que el mundo cambia más rápido que nuestros planes.

Las empresas, las oficinas y las personas ya no pueden trabajar como hace veinte años. Hoy se habla cada vez más de un concepto llamado Agile Work, o trabajo ágil.

Muchos creen que Agile es solo para empresas de tecnología, pero la realidad es que aplica perfectamente al trabajo cotidiano de oficina: correos, reportes, juntas y proyectos internos.

Antes, una empresa hacía su plan anual y lo seguía durante todo el año. Hoy, si no se revisa constantemente, queda obsoleto. La incertidumbre dejó de ser una excepción y se volvió la regla.

En Japón existe desde hace décadas una filosofía llamada Kaizen, que significa mejora continua. No se trata de hacer cambios radicales de golpe, sino pequeños ajustes todos los días. Esa misma lógica es la base del Agile Work moderno.

El trabajo ágil se sostiene en tres pilares:

1. Adaptarse rápidamente

2. Aprender constantemente

3. Mejorar todos los días

En el trabajo de oficina esto cobra un significado muy práctico.

Imaginemos una situación común: se le encarga a un colaborador un trabajo que requiere seis horas. En el modelo tradicional se le dice: “Entrégamelo en seis horas”.

Se revisa hasta el final y muchas veces sucede lo siguiente: el trabajo está mal enfocado, no era lo que se pidió o requiere muchos cambios. Resultado: seis horas desperdiciadas.

Esto no es culpa del trabajador. Es un problema del método.

Ahora veamos el mismo caso con un enfoque de Agile Work. En lugar de esperar seis horas, el jefe revisa el avance cada treinta minutos.

No para regañar, sino para orientar.

Cada revisión sirve para decir:

“Esto va bien”,

“Aquí hay que cambiar el enfoque”,

“Esto no era lo que buscábamos”,

“Mejor hazlo de esta manera”.

De esta forma, cuando pasan las seis horas, el trabajo está bien hecho, el colaborador aprendió y no se desperdició el tiempo.

Eso es trabajo ágil: corregir en el camino, no al final.

El Agile Work también transforma la forma de liderar. Antes el jefe ordenaba y el empleado ejecutaba. Hoy el líder acompaña, guía y escucha.

En lugar de preguntar: “¿Quién se equivocó?”, se pregunta: “¿Qué podemos mejorar?”.

Esto reduce el retrabajo, el estrés y los conflictos internos.

Incluso en la vida personal este concepto es aplicable. Muchas veces esperamos meses para corregir hábitos de salud, finanzas o estudio, cuando podríamos revisarlos cada semana y hacer pequeños ajustes.

Vivimos en un mundo donde ya no gana el más grande ni el más fuerte, sino el que se adapta mejor. La rigidez se convierte en un riesgo y la mejora continua en una fortaleza.

Agile Work no significa trabajar más rápido, sino trabajar con más inteligencia. No es hacer más cosas, sino hacer mejor las cosas correctas.

La reflexión final es clara: en un mundo cambiante, la mejora continua no es una opción, es una necesidad.

Como enseñan en Japón: “La mejora continua no es un proyecto… es una forma de vida”.





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