
Entre mandados y tareas: Niños forjan su camino en la Central de Abasto
Menores trabajando y un estilo de vida enfocado en ayudar económicamente a la familia.
David Becerra
Son las 5 de la mañana, los pasillos de la “Nave B” de la Central de Abasto están en pleno apogeo, comerciantes van y vienen, los diablitos pasan rozando los tobillos de todos los presentes, nadie se ve adormilado y los productos a comercializar, son el protagonista de la escena; justo afuera de la colosal bodega comercial, Carlos y Santiago, de 10 y 12 años respectivamente, ya ayudan a su madre a montar el puesto de gorditas que en un par de horas se convertirá en punto de interés para muchos de los comerciantes y diablero a los que el hambre, inevitablemente les llegará por el esfuerzo físico de las horas previas.

“Entro acá a las seis o las cinco, y me voy de acá a la 12, para llegar a la escuela a la una”, testimonio de un menor de edad.
Según datos otorgados por la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil del INEGI, en 2022 en México el 13.1% de la población total de niños de entre 5 a 17 años se encontraba en condiciones de trabajo, es decir, aproximadamente 3.7 millones de los 28.4 millones de niños y niñas de la república; de este universo el 8.5% sortea su día a día entre quehaceres domésticos y trabajos no permitidos. En contraparte, la Constitución Política de los Estados Unidos de México en su artículo 123 prohíbe cualquier tipo de trabajo en menores de quince años, una ley que dista mucho de la realidad, pues el hecho de llevar un diablito cargado de producto, ya es considerado una labor peligrosa por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.

Oye, ¿Desde hace cuánto tiempo trabajas aquí en la Central de abasto?
-No, no me acuerdo. Este… pues acá con mi mamá a ayudarla a repartir, dice el menor de edad.
¿Desde qué edad trabajas acá?
-Desde los siete. Yo llego tarde porque luego me duermo pero ahorita llegué a las seis. Hoy tengo 12 años, agrega.
Y es que a pesar de que los líderes de las naves recomiendan a los comerciantes a evitar emplear a menores de edad, muchas veces la ausencia de la autoridad gubernamental en operativos de revisión y la gran cantidad de manos que se requieren para sacar el trabajo, propicia el empleo informal de menores.
“Mira se les exhorta a los papás más que nada el tema de que no pudieran llevar a sus hijos u orillarlos a este trabajo, a estas condiciones; sin embargo los mismos niños son los que a veces buscan ese tema. Van y buscan la opción de buscar un diablito, rentarlo o comprarlo, buscan algún padrino por ahí, les coopera y es como andan luego los chiquillos ahí trabajando”.
– Nicolás Sánchez, presidente nave “B”.

La cultura de trabajo que se tiene en la Central de Abasto viene de generación en generación y ha sido romanizada hasta cierto punto, sin embargo la propia falta de trabajo digno para los adultos, arrastra a los más pequeños del hogar a sumarse a sostener a la familia.
“Así con la mano me mandan por cosas para vender y pues ya voy”.
Para muchos niños, el trabajo desde muy pequeños dejará inevitablemente consecuencias en su desarrollo, pues a pesar de que pueda dejar las labores pesadas y continuar su formación en las aulas, la huella del trabajo pesado dejará una marca imborrable, así lo explica desde la perspectiva médica el pediatra y académico de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), José Antonio Becerra Gómez.
“Aunque muchos padres dirán: bueno pues ya trabajó de las tres de la mañana a las siete de la mañana y se van a la escuela. Pues obviamente no, los niños, los adolescentes están en condiciones deplorables porque es una carga de trabajo excesiva. Cargar bultos de 30 kg, de 20 kg todos los días, cargando y descargando, los lleva finalmente a la fatiga física”.
– José Antón Becerra Gómez, Médico Pediatra y Académico.

No existe cifra registrada de menores laborando en la Central de Abasto de Puebla, familias van y vienen, niños solos van y vienen, laboran por temporada, algunos son extranjeros y posteriormente, luego de ganar unas monedas, continúan su travesía.
“Los menores que trabajan aquí en la central, son menores que acompañan a sus papás, a ciertos ambulantes por ejemplo, a ciertos acomodadores en el caso de los vieneviene y vienen pues a ver si se pueden ganar una monedita en este caso”.
– Nicolás Sánchez, Presidente nave “B”.
Este 30 de abril, Carlos y Santiago sí vivirán su festival del día del niño luego de su jornada laboral realizando mandados y ayudando a su madre; otros niños más, ni siquiera saben qué es convivir con compañeros de su edad asistiendo al colegio en pijama o con peinados locos, una realidad que no solo se vive en la Central de Abasto, una realidad generalizada en muchos sectores en todo el país.







