
“Una sola debe ser la patria de
todos los americanos, ya que todos
tienen la misma identidad,
origen y costumbres”.
Simón Bolivar
Indudablemente que el fútbol representa rivalidades, rispidez, y lejos de que hermane a los países, pareciera que sucede lo contrario, cada que hay partidos oficiales de fútbol entre las naciones particularmente de América latina brota el nacionalismo que generalmente no se ve en el día a día.
Hay que recordar que en 1969, se presentó un suceso lamentable entre Honduras y el Salvador, países hermanos, vecinos, que en esos tiempos los migrantes eran los salvadoreños para encontrar trabajo en Honduras y una mejor forma de vida, por eso es que el trabajo duro y barato lo hacían los salvadoreños en las tierras catrachas.
Pero, después de la eliminación de la selección nacional de Honduras para el mundial de México 1970, por parte de los salvadoreños, estalló la guerra de las cien horas, en que por la revancha del partido perdido y la eliminación, encarcelaron a los salvadoreños que vivían en Honduras, se cerraron las fronteras, se incitó a la población hondureña a que tratara mal a los salvadoreños radicados en territorio hondureños, etc. es decir, una serie de acciones violentas simplemente por el fútbol.
Ya ni hablar de lo que sucede en los partidos de fútbol en los torneos sudamericanos en donde juegan los clubes de varias naciones entre si, basta con recordar la última de las participaciones de México en un duelo de Chivas contra Boca Jrs., haya en Buenos Aires, todo lo que se presentó con uno de los jugadores mexicanos, que los escupitajos fueron lo de menos de parte de la prensa, aficionados y los jugadores rivales.
En este 2026 se prendió nuevamente la mecha entre la afición de Ecuador con la de México, que debido a la derrota, sostuvieron que se debió a que fueron amenazados, que fueron intimidados, que se presionaron por los cárteles de la droga mexicana, que por eso no pudieron jugar como debería de haber sido, etc., es decir, nuevamente sale a flote la rispidez que existe entre las naciones latinoamericanas, que ese ha sido el mejor de los éxitos para los gobiernos de los países del primer mundo y las empresas transnacionales.
Es de todos sabido que los países del primer mundo, ponen a competir a las naciones latinoamericanas, para que sean los mejores postores en poner a su disposición sus tierras, minas, concesiones, autorizaciones, mares, para lograr recibir préstamos con intereses leoninos, y favores de los gobernantes en turno, pero, aquella nación que se revela, ya sabemos lo que sucede, basta con ver lo que ha sucedido en la historia de Nicaragua, El Salvador, Panamá, Honduras, Guatemala, Chile, recientemente Venezuela, y muy probablemente en un futuro Cuba.
Incluso, ¿cuántos golpes de estado hubo en el siglo XX en Latinoamérica organizadas por las embajadas de Estados Unidos de América?, bien sostenía el escritor uruguayo Eduardo Galeano que la respuesta ante la ausencia de golpes de Estado en Estados Unidos de América, se debe a que en Estados unidos no hay embajada de Estados Unidos en su propio territorio.
Si recordamos la historia de México con lo que sucedió con Francisco I. Madero para darnos una idea de lo que ha sucedido en esta región con los golpes de estado organizados por los norteamericanos.
Y, esa competencia de las naciones latinoamericanas entre si, también se presenta ante las grandes empresas, corporaciones, los monopolios y oligopolios que normalmente son de inversión norteamericana o europea, que se les invita por parte de las naciones latinoamericanas para ofrecer sus tierras y mano de obra barata a esos grandes capitales.
Estas naciones latinoamericanas ponen a la orden de estas empresas su legislación el mejor postor puede escoger entre las naciones, cual cuenta con los impuestos casi exentos para esas inversiones extranjeras, pero nunca para las empresas nacionales, flexibilidad en materia ambiental para que puedan libremente esas transnacionales contaminar aire, tierra y agua, pero sobre todo ofrecen una legislación laboral tan flexible que les permite que la mano de obra sea sumamente barata para que las grandes empresas maquiladoras, que requieren de miles de trabajadores se puedan instalar en nuestras naciones.
Indudablemente que el evento de este verano ha impulsado esa división que existe entre las naciones latinoamericanas, lo cual es una buena noticia para los países del primer mundo que nos siguen explotando, y más aun una esplendida noticia para aquellas empresas de inversión global, porque esa competencia sigue beneficiando sus pretensiones en este amplio continente lleno de la misma cultura, el mismo origen, la misma lengua, los mismos problemas, y con una rivalidad que no se entiende. (Web: parmenasradio.org)






