Internacional

Cuba acelera la apertura al sector privado ante su peor crisis

Redacción  FECHA:  8 julio, 2026

La Habana. — Lo que comenzó como una apertura marginal se ha convertido en el motor que mantiene a flote a Cuba. Desde la alimentación hasta la logística y la importación de combustible, el sector privado consolida su presencia en una isla sumergida en una severa crisis económica, impulsado ahora por un nuevo paquete de reformas estatales.

Sin embargo, esta transformación urbana y económica camina sobre una delgada línea que divide la disponibilidad de productos y la capacidad real de compra de los ciudadanos.

El contraste de las MiPyMEs frente al desabastecimiento estatal

En las calles de La Habana, el cambio es drástico. Los antiguos locales estatales de la “bodega” —el sistema de racionamiento subsidiado que opera desde hace más de seis décadas— hoy lucen vacíos o han tenido que ceder su espacio a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs).

Para jubilados como Joaquín Velázquez, esta transición es amarga. Mientras el Estado ha dejado de importar los productos básicos por falta de divisas, los nuevos comercios privados desbordan mercancía, pero a precios prohibitivos. Un solo litro de aceite puede costar 1.900 pesos (unos 3 dólares), lo que representa más del 60% de una pensión promedio en la isla.

“Para mí, es como si las mipymes no existieran”, lamenta Velázquez al observar el flujo de clientes en el local contiguo a su antigua bodega.

Esta estampa se replica en garajes, salas de casas y talleres reconvertidos en tiendas de electrodomésticos, repuestos de autos o restaurantes. Ante el colapso de la oferta pública, más del 50% del comercio minorista en Cuba ya está en manos privadas, según datos oficiales.

Una brecha social que se ensancha en la isla

El plan de reformas anunciado por el Gobierno cubano busca profundizar esta liberalización, abriendo casi todos los sectores a la inversión privada. No obstante, el impacto social genera opiniones encontradas.

La falta de acceso equitativo al dólar o a las remesas del extranjero ha creado una notable división de clases. Mientras una minoría exhibe vehículos de gama alta y asiste a restaurantes exclusivos, la mayoría enfrenta la inflación.

Luisa Cecilia (maestra jubilada, 77 años): “Hay opciones, pero no hay dinero para comprar”.

Maritza Gómez (ingeniera, 62 años): “En algún momento habrá que encontrar una solución más viable para el cubano de a pie”.

Emprender entre apagones y sanciones financieras

A pesar del crecimiento del sector, los empresarios privados operan en un entorno hostil. Aunque el Gobierno de EE. UU. ha flexibilizado ciertas normativas para permitirles importar insumos, las sanciones financieras generales de Washington siguen complicando las operaciones bancarias.

A esto se le suman los problemas estructurales internos: la escasez de combustible y los constantes cortes eléctricos que paralizan la producción.

Juan Carlos Blain, quien gestiona tiendas y restaurantes en la capital, asegura que la prioridad actual no es expandirse, sino “mantenerse” frente al incremento de los costos operativos. En la misma línea, la diseñadora Camila Arrieta, cuya empresa de serigrafía ha tenido que reducir drásticamente su producción diaria por falta de electricidad, afirma sentirse “inmunizada” ante los obstáculos diarios, aunque confiesa ponerse plazos para evaluar su continuidad.

El reto urgente de recuperar la producción nacional

Para los analistas, la solución no pasa únicamente por abrir comercios o descentralizar los servicios. Carlos Enrique González, economista y profesor de la Universidad de La Habana, urge a acelerar las reformas estructurales para destrabar las fuerzas productivas de la isla.

“Un país consume lo que es capaz de producir”, señala González, apuntando a que el verdadero problema radica en el deprimido nivel de producción nacional.

Mientras el debate económico continúa, La Habana sigue cambiando su fisonomía. Sin publicidad exterior masiva, pero con vitrinas cada vez más abastecidas, uno de los últimos bastiones comunistas del mundo asiste a una transformación irreversible, donde el mercado gana terreno mientras la brecha social se profundiza.





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