
Conoce una de las curiosas carreras entre la astronomía y la exploración terrestre
Pensar en el espacio como un sitio ajeno a las probabilidad es tan peculiar como esperar que el Sol cambie de color. Urano, reconocido como un nuevo planeta en 1781, la existencia de la Antártida no fue avistada ni confirmada sino hasta 1820. ¿Te imaginas un sitio ajeno a la Tierra siendo enfocado pero no una parte de su territorio?
La explicación tiene menos que ver con que el espacio fuera más fácil de explorar que la Tierra y más con una cuestión fundamental: la Antártida estaba prácticamente fuera del alcance de la navegación de la época, mientras que Urano podía observarse desde la Tierra con un telescopio.
¿Urano llevaba siglos siendo observado sin que nadie lo supiera?
El 13 de marzo de 1781, el astrónomo británico William Herschel observó un objeto que llamó su atención mientras estudiaba el cielo. Urano es lo suficientemente brillante como para ser visible bajo determinadas condiciones incluso sin telescopio.
La NASA señala que existen registros de observaciones del planeta que se remontan incluso hasta 128 a. C., aunque quienes lo observaron no sabían que se trataba de un planeta.
Herschel tampoco identificó inmediatamente lo que había encontrado. Al principio pensó que se trataba de un cometa, pues el objeto parecía desplazarse respecto al fondo de estrellas.
Otros astrónomos comenzaron a observarlo y a registrar cuidadosamente su posición. Así, Urano se convirtió en el primer planeta descubierto con ayuda de un telescopio y en el primer planeta nuevo identificado desde la Antigüedad.
Mientras tanto, la Antártida seguía siendo un misterio
La historia era completamente diferente en el extremo sur de nuestro planeta.
Durante siglos existieron teorías y mapas que especulaban sobre la presencia de una enorme masa continental en el hemisferio sur. Sin embargo, la existencia de la Antártida no podía comprobarse simplemente mirando desde otro continente.
Los navegantes tenían que enfrentarse a enormes distancias, temperaturas extremas, mares difíciles de atravesar, hielo marino y condiciones meteorológicas peligrosas.
Es así como las primeras observaciones ampliamente reconocidas del continente antártico se produjeron en 1820, cuando expediciones navales alcanzaron las proximidades de la Antártida y registraron tierra continental.






