Opinión

¿En manos de quién?

Irma Sanchez  FECHA:  8 septiembre, 2026

Luego de conocer los resultados de la prueba PISA sobre la calidad escolar durante 2025, lejos de jalarnos los cabellos y voltear a repartir culpas, en México llegamos a una primera conclusión: “mal de muchos”.

Y es que la deficiencia que arrojó sobre el desempeño escolar de los niños mexicanos casi se generalizó entre escolares de varios países de América y Europa, a excepción de Asia.

Los escolares asiáticos tuvieron las mejores calificaciones. No en vano trabajan con disciplina y entrega total, a diferencia de países como el nuestro, en el que hacemos como que estudiamos por el solo hecho de cargar una mochila y vestir un uniforme.

Las asignaturas en las que peor estamos son matemáticas y lectura. Y cabe la pregunta: ¿por cortesía de quién?

Figúrese usted: solo el 30 por ciento de nuestros escolares alcanza un nivel básico.

La pregunta es: si nuestros escolares no leen y carecen del ejercicio matemático, ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo van a enfrentar la vida?

La deficiencia tiene muchos orígenes, que van desde un sistema educativo deficiente, maestros que cumplen con un horario sin mayor compromiso y vocación, y el descuido de paterfamilias que se desentienden porque “están muy ocupados” en la carrera por la subsistencia, hasta el factor económico que agobia y estresa a la totalidad de las familias y la esclavitud que se va extendiendo sobre la vida digital, que más que aportar conocimientos enajena con juegos y pasatiempos que no aportan.

La prueba PISA revela que de 2022 a 2025 en México retrocedimos siete puntos, lo que nos coloca por detrás de la totalidad de los países de la región latinoamericana.

Una lectura interesante es que los escolares de hoy, que tienen más armas y facilidades para estudiar, tienen un menor rendimiento que el de sus padres, quienes sortearon limitaciones para acudir a una escuela y cumplir con sus tareas.

Los escolares de hoy recurren a la famosa inteligencia artificial para hacer tareas y así limitan su espíritu de investigación y enfrentan problemas para expresarse y escribir.

Por todo esto, se concluye que los escolares de hoy no leen, no se esfuerzan y todo se lo apuestan a una escuela celular que se ha convertido en su aliado, esclavo, maestro, confidente, psicólogo y guía.

Esto obliga a cuestionarnos: ¿así saldremos adelante los próximos años?





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