Felipe Flores

A prueba


19/08/2019 21:00

Sí, en efecto, el Estado está a prueba.

Así lo asumió, en un tono dual de firmeza y compromiso, el gobernador Luis Miguel Barbosa.

Lo hizo el pasado fin de semana en un mensaje por redes sociales, apenas la Fiscalía General del Estado de Puebla confirmó que había sido hallado el cuerpo sin vida de una joven mujer en el paraje “Los Encinos”, cerca de la carretera hacia Santa Cruz Alpuyeca, en los límites entre el municipio de Puebla y Amozoc.

Dijo, en su cuenta de twitter: “El feminicidio de Judith Abigail Jiménez Pulido agravia a la sociedad poblana. No quedará impune. Mi pésame y solidaridad con sus hijitos, madre, hermanas y familiares. El Estado está a prueba”.

La víctima había sido secuestrada el pasado 8 de agosto, cuando acudió a un campo de tiro acompañada de un amigo y, según versiones, cuando volvían a Puebla una camioneta los hizo volcar para luego privarla de su libertad, hasta que su cuerpo fue hallado en estado de descomposición.

Al conocer los hechos, su hija de 14 años emitió un patético mensaje de despedida en Facebook, en el que dice no entender la situación y se pregunta: “¿Por qué tú, por qué mami?”.

En la víspera había ocurrido otro caso lamentable: Karla Estefany “Z”, de 27 años y trabajadora en un jardín de niños en la colonia Bosques de San Sebastián de esta ciudad, murió tras ser apuñalada en abdomen y tórax.

Familiares de la víctima relataron que minutos antes de su muerte llamó para referirles que fue herida por un tal “Raúl”.

Ambos sucesos, los primeros en la incipiente administración, tuvieron resonancia nacional y se magnificaron por otros similares ocurridos el fin de semana en la ciudad de México bajo la misma constante: violencia contra la mujer por razones de género.

Y allá, como acá, numerosos grupos de mujeres salieron a las calles para manifestar su protesta y exigir a la autoridad acciones prontas y efectivas.

Marchas, plantones, movilizaciones, cánticos, pintas, duras consignas e incluso actos de vandalismo para demandar seguridad y detener las agresiones físicas, sexuales y verbales contra las mujeres.

Exigencia cruda, contundente para que sea erradicado todo acto de odio, de discriminación, de violencia de género. Los “ya basta” y “ni una más” que se escuchó allá y acá de manera agresivamente sonora tiene justificación.

Según cifras oficiales, cada hora mujeres mexicanas padecen más de cinco delitos relacionados con violencia de género, desde hostigamiento sexual hasta feminicidio.

Durante el primer semestre del año se iniciaron en el país 23 mil 326 carpetas de investigación por conductas delictivas, cuyas víctimas son mujeres. El promedio diario de incidencia para dicho periodo es de al menos 129 investigaciones.

El promedio diario de casos en todo el país por feminicidio es de 2.5; por abuso sexual 65; para acoso 11; cuatro por hostigamiento; 36 por violación simple y diez por equiparada.

Y en el caso local, las cifras son alarmantes: en lo que ha transcurrido de este año, 73 mujeres han sido asesinadas en el estado de Puebla, el 30 por ciento, es decir, 22 de los casos ocurrieron en la capital poblana. Del total, 29 de las víctimas fueron asesinadas por impacto de arma de fuego, mientras que 14 que fueron ultimadas a golpes y seis recibieron múltiples apuñaladas que terminaron con su existencia, siendo éstas las tres causas más comunes de muerte.

La entidad poblana supera el medio centenar de asesinatos de ese tipo en 2019 aún con una Alerta de Género que el gobierno federal emitió para el estado a finales de abril pasado para combatir la violencia en contra de las mujeres.

Los crímenes se concentran en 30 municipios, de los que la capital del estado concentra 17 que equivalen al 31 por ciento del total. Posteriormente destaca Atlixco y Tepeaca, con tres casos cada uno.

Puebla figura además entre las entidades con mayor incidencia de feminicidios, solo atrás de Veracruz y el Estado de México.

Por todo ello la necesidad de medidas prontas, de políticas públicas efectivas que van, tratándose de un problema multifactorial, desde el

aspecto educativo y el rediseño de protocolos en el ámbito preventivo, a diversas acciones para combatir la impunidad, además de un trabajo eficiente en materia de administración y procuración de justicia.

Inadmisible seguir tolerando este mal, en cuya raíz hay una indiscutible presencia de ese abominable mal llamado misoginia.

Y si, por supuesto que sí: en esta materia el Estado está a prueba.

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