Puebla

La tradición de las ofrendas en Huaquechula

Pilar Bravo  FECHA:  28 octubre, 2026

Las ofrendas de Huaquechula tienen fama por sus grandes dimensiones y su carácter monumental, con estructuras que se convierten en retablos modernos.

El contenido de estos altares es vasto por la comida y el pan que cada familia coloca para honrar a sus difuntos.

El trabajo y el gasto que realizan los habitantes de esta comunidad no tienen precio ni reparo. Aunque las familias tengan recursos limitados, la ofrenda a los muertos representa una obligación sagrada.

El cronista de Huaquechula, Silverio Reyes Sarmienti, habla de la singularidad de estos altares, cuyas raíces se remontan a la época prehispánica. El colorido de las flores de cempasúchil, las calaveras de azúcar y los huesos de los difuntos elaborados con pasta son elementos que dan cuenta del sincretismo cultural.

De acuerdo con el cronista, la Conquista y la evangelización incorporaron el pan, la comida y los dulces a esta tradición. También se añadió el sahumerio, cuyo aroma agradó a los difuntos dentro de las creencias mexicanas. Se trata de un sincretismo que permanece vigente.

Las ofrendas de Huaquechula retomaron elementos de los altares de Semana Santa. Por ello, se levantan sobre columnas y se adornan con enormes lienzos blancos o azules que representan el cielo.

En la distribución de estos altares se utiliza una estructura piramidal de tres pisos o más, según el número de difuntos a quienes se dedica la ofrenda.

En su forma tradicional, los altares tienen tres niveles. En el primero se colocan las fotografías de los difuntos y los objetos que les gustaban; en el segundo, las imágenes de los santos a los que las familias profesan devoción, y en el último, una cruz o un crucifijo acompañado de alimentos.

Desde el 28 de octubre, fecha en que, de acuerdo con la tradición, llegan las almas de quienes murieron en accidentes, las familias mantienen encendidos cirios y velas para iluminar el camino de los difuntos. Las luces permanecen prendidas hasta su despedida, el 2 de noviembre a las 15:00 horas.

En la parte inferior de las ofrendas se colocan pan, mole, tortillas, pulque u otras bebidas que les gustaban a los difuntos en vida. Cuando se recuerda a niños, también se ofrecen dulces de cacahuate, pepita, alegrías o chocolates con forma de calavera y pequeñas frutas.

Para endulzar el recibimiento de las almas, las familias preparan dulces de calabaza y camote morado, punche y arroz con leche. Estas preparaciones se acompañan con frutas como manzanas, guayabas y mandarinas, además de cañas de azúcar.





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