México busca salvar espacios submarinos de Baja California ante amenaza de El Niño
El océano, entre tantos espacios de este planeta, presenta una serie de variaciones que influyen en el equilibrio de un ecosistema; es así que científicos y pescadores trabajan para recuperar los bosques de algas gigantes frente a las costas de Rosarito, espacio natural que albergan a cerca de mil especies y sostiene actividades pesqueras locales.
Bajo las aguas del Pacífico mexicano, científicos y pescadores trabajan contrarreloj para recuperar los bosques submarinos de algas gigantes que se extienden frente a las costas de Baja California. Estos ecosistemas, afectados severamente por un episodio de calentamiento marino en 2015, enfrentan una nueva amenaza ante la intensificación de las condiciones asociadas con El Niño.
Guillermo Torres, coordinador del proyecto gubernamental y especialista en ecología marina, advirtió que los bosques que han sobrevivido son particularmente vulnerables. De acuerdo con su testimonio, la pérdida de estas formaciones puede afectar tanto a la biodiversidad como a las comunidades cuya economía depende del mar.
¿Qué son los bosques submarinos y por qué importan?
Los bosques de algas gigantes, conocidos también como bosques de kelp, son ecosistemas marinos formados por macroalgas que pueden alcanzar decenas de metros de longitud. Sus estructuras crean hábitats tridimensionales donde encuentran alimento, refugio y zonas de reproducción numerosas especies.
En el Pacífico de Baja California, estas formaciones contribuyen al sostenimiento de comunidades de peces, moluscos y crustáceos. El proyecto estima que alrededor de mil especies están vinculadas con este entorno.
Dada su importancia ecológica, los bosques submarinos participan en los ciclos del carbono y los nutrientes, modifican las condiciones locales del hábitat y pueden amortiguar parte de la energía del oleaje y las corrientes. Su conservación también tiene consecuencias económicas, ya que muchas especies asociadas a ellos forman parte de las pesquerías y de la actividad turística regional.
La catástrofe ecológica de 2015
El antecedente más grave ocurrió en 2015, cuando una combinación de condiciones ambientales provocó una pérdida masiva de algas en la región.
Torres recordó que entonces existían miles de hectáreas de bosques submarinos y que, después del episodio, quedaron apenas decenas, según su estimación. La información del proyecto señala que se perdió cerca del 88 por ciento de estas formaciones.
El fenómeno no respondió únicamente al calentamiento del agua; también influyeron alteraciones en la cadena alimentaria: una disminución de las estrellas de mar, depredadoras del erizo morado, favoreció el aumento de estos invertebrados, que consumen grandes cantidades de algas.
La combinación de temperaturas elevadas y presión de los erizos contribuyó a deteriorar el ecosistema. Este antecedente explica por qué el proyecto actual no se limita a trasplantar ejemplares, sino que busca proteger los remanentes que aún sobreviven.
Cómo funciona la recuperación del bosque
El procedimiento comienza con inmersiones de buzos que localizan algas con estructuras reproductivas. Los ejemplares seleccionados se cortan cuidadosamente y se trasladan a una zona de restauración situada a unos 300 metros.
Una vez allí, se sujetan con redes a anclajes colocados previamente en el fondo marino. El objetivo es que las algas fértiles liberen esporas y contribuyan a establecer nuevas generaciones, sin depender exclusivamente de la plantación manual de ejemplares.
El calentamiento del Pacífico frente a Baja California preocupa a los investigadores. Arturo Quintanar, especialista en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México, advirtió que los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) muestran condiciones de calor marino importantes en la región.
La restauración involucra a habitantes de comunidades costeras como Popotla, desde donde parten embarcaciones con científicos y pescadores para realizar las labores submarinas.
Para los pescadores, la protección del bosque no es únicamente una tarea ambiental. La abundancia de especies que encuentran refugio entre las algas influye en las actividades de captura y en el abastecimiento de restaurantes y comercios de Playas de Rosarito, destino turístico conocido por su gastronomía marina y sus actividades recreativas.
Juan Manuel Heredia, buzo comercial y pescador que participa en el proyecto, explicó que su sustento depende directamente del mar. Su participación refleja el conocimiento local que las comunidades pueden aportar a los programas de restauración, además de su interés en conservar los recursos que permiten su actividad económica.
Restaurar también implica enfrentar el cambio climático
El caso de Baja California muestra que la recuperación de un ecosistema no depende exclusivamente de replantar organismos. También requiere comprender las alteraciones que provocaron su pérdida, conservar las zonas que resistieron y mantener condiciones que permitan su regeneración.
El Niño es un fenómeno climático natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, con efectos que pueden alterar los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones del mundo. Sus impactos varían de un episodio a otro, pero el calentamiento global puede aumentar la presión sobre ecosistemas que ya enfrentan temperaturas marinas elevadas.
Los bosques de algas también pueden verse afectados por otros factores, como la sobreexplotación de especies, la contaminación y los cambios en las relaciones entre depredadores y herbívoros. Por ello, su conservación requiere medidas sostenidas y monitoreo científico, además de acciones de restauración.








