Pide comunidad LGBTTTIQA+ pide reunión con Eduardo Rivera Pérez (Foto: Ilustrativa)

AFP
09/28/2021 , 11:09 pm

“Morir de tristeza o ser asesinada”, la comunidad afgana LGTBIQ+ vuelve a la sombra



Kabul, Afganistán.- Marwa se casó dos días después de que Kabul cayera en manos de los talibanes con uno de sus amigos, gay. Ahora, esta joven lesbiana de 24 años está “aterrorizada” y solo piensa en una cosa: pasar desapercibida.

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Cuando los talibanes tomaron el poder en Kabul, fue una pesadilla, lloraba, me quedaba escondida en casa”, recuerda la joven en una nota de voz enviada a la AFP a través de WhatsApp.

Me decía: ‘los talibanes van a venir a matarme'”, continúa la vocecilla de Marwa. Su nombre ha sido modificado por razones de seguridad. “Acabé pidiéndole a un amigo que preparara los documentos de matrimonio” para “poder salir de nuevo al exterior” sin miedo y, en el futuro, “irme del país”.

Han pasado más de 20 años desde el primer mandato de los talibanes, pero el recuerdo de cómo aplicaban la ley islámica y la brutalidad que ejercieron contra los homosexuales continúa helando la sangre de la comunidad LGTBIQ+ (lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersexuales, ‘queer’ y otros) afgana.

En aquel entonces, la homosexualidad, un tema que sigue siendo tabú en el país, se entendía como una desviación y podía ser castigada con la pena de muerte.

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El ascenso al poder de gobiernos prooccidentales, después de 2001, supuso solo una ligera inflexión. La homosexualidad seguía siendo considerada una infracción penal, pero la pena de muerte solía ser conmutada por una pena de prisión.

Aún así, la policía continuaba deteniendo a las personas LGTBQI+, que solían ser víctimas de “discriminación, agresión y violación”, según un informe de la administración estadounidense publicado en 2020.

De 2001 a 2021, “la comunidad LGTB tenía muchos problemas a causa de la policía y de la sociedad, pero había adquirido un poco de libertad”, señala Artemis Akbary, cofundador de la asociación Afghan LGBT, refugiado en Turquía.

Había lugares seguros en los que sus miembros podían verse, como un café en Kabul en el que, cada viernes, se encontraban y bailaban”, cuenta a la AFP. Ese lugar se mantenía en secreto, pero ahora, sus amigos ya no pueden “arriesgarse” a ir allí, añade Akbary.