09/10/2021 , 2:15 pm

Pero qué hicimos

Los seres humanos por nuestra propia estructura somos dados a buscar respuestas cuando nos enfrentamos a problemas que no dependen propiamente de nuestra mano; pero que profundizando sí lo es.

Hemos actuado irresponsablemente en forma pervertida contra la “madre tierra”.

Primero nos reíamos de los científicos que ya 20 años atrás hablaban del cambio climático y nos urgían a modificar hábitos.

Hay que reconocer que los mexicanos realmente somos positivos, pero en algunas cosas somos olvidadizos y omisos.

Creíamos que este cambio de clima era un cuento, o bien estaba lejano y era para las superpotencias como Estados Unidos, China, Japón, Alemania y otros países altamente tecnológicos, pero… ¡no! qué equivocados vivíamos.

Desde hace muchos años, sobre todo los que ahora somos mayores de edad, recordamos el caso de nuestra querida Puebla, cuando nuestras madres salían a barrer el frente de su domicilio, y si no lo hacían ellas, la tarea la desempeñaba gente del servicio.

Era frecuente ver cómo a diarios regaban las entradas de las casas, a base de manguerazos o cubetazos.

Entonces las autoridades municipales no se cansaban de insistir en que “la ciudad mas limpia es la que menos se ensucia”.

Hay que recordar que incluso había inspectores municipales vigilando la limpieza sobre todo en la zona comercial. Lejos estábamos entonces de lo que decía un arquitecto poblano: “en cada esquina te dieron un centro comercial”.

Por ese motivo la gente dejó de ocuparse de su casa, porque ni los propietarios de los negocios, ni los compradores tenían hábitos de limpieza.

Los negocios del centro histórico comenzaron a migrar a Plaza Dorada, a las Animas y después a esa mega urbe moderna llamada Angelópolis, la que en pocos años los propios poblanos han convertido sus avenidas en autopistas.

En las colonias cerca del centro histórico, las calles perdieron su valor de zonas habitacionales, y los ayuntamientos por obra y gracia del dinero cambiaron su uso del suelo.

Entonces la gente modificó sus hábitos y empezó a no recoger su basura, sino a arrojarla a la puerta, en la esquina de su casa o cerca de las calles y avenidas.

Así cerca de las atarjeas se encontraban desechos hasta de los empleados municipales que llegaban a hacer reparaciones, con los que se desencadenaron las inundaciones.

Y como en el caso de nuestra alcaldesa, ella solo se preocupó en resolver con bolardos los problemas viales, dejando en algunas calles un solo carril para circular acumulando infinidad de problemas.

¡Perdón madre tierra por el daño que te hemos hecho!
Tu reaccionas, no sancionas.