10/14/2021 , 1:30 pm

Pésima decisión


Justo cuando la industria automotriz comienza a sortear el impacto del año y medio de semiparalización por la pandemia, cuando el sector registra un retroceso del 16 por ciento en sus ventas, el presidente AMLO decide abrir las fronteras del norte de México para recibir los vehículos que en el vecino país del norte desechan hasta con 15 años de antigüedad, lo cual garantiza que se trata de unidades deterioradas, con problemas de contaminación y a un paso de convertirse en montañas de chatarra.

Esta decisión del presidente obliga al sector automotriz tanto ensamblador, como comercial y toda la industria de autopartes, a no quedarse de brazos cruzados y protestar por lo que consideran una desafortunada decisión, no consultada con los especialistas en el tema.

Esta decisión pone en riesgo miles de empleos y obliga a las armadoras que trabajan en México a ajustar sus planes, sus proyecciones, con lo que comenzarán a acumular pérdidas que bien pudieron servir para apuntalar los programas de reactivación de la economía.

Un experimento similar con nefastos resultados ya se vivió en el sexenio del presidente panista Vicente Fox, entre los años de 2005 y 2006, cuando se dio paso a la introducción y reconocimiento de 2 millones 300 mil vehículos.

Se estima que este año al menos se podrían recibir más de un millón, sobre lo que el presidente muy entusiasta sostiene que de los ingresos que generan a las armas de la federación por los derechos que tendrán que pagar, se va a conformar un fondo exclusivamente para un programa de atención de baches que tanto daño hacen en las calles de las ciudades de México.

La algarabía del presidente de recibir autos “chocolate” para que de los pagos que generen bachear las ciudades, como que no deja muy satisfecho al grueso de la población y menos de las armadoras y agencias y lotes automotriz.

Pese que a si hay un sector que sí se entusiasma porque le apuesta a sacar sus ahorros para adquirir este tipo de modelos, la mayoría de los que los compraron entre el 2005 y 2006 reportan serias pérdidas para rescatarlos cuando comenzaron a tener problemas porque en México no había ni piezas ni refacciones.

Por eso, cuidado y que ojalá el presidente le replantee su decisión a los especialistas del sector, no a los politólogos, sociólogos y antropólogos que pesan en su ánimo para decidir acciones de su gobierno.