(Foto: Especial)

Fernando Manzanilla Prieto
09/22/2021 , 7:25 pm

¿Por qué están aumentando los casos de Covid en Israel?


¿Qué está pasando en Israel? ¿Por qué el país que iba más avanzado en su proceso de vacunación ahora se encuentra entre los primeros lugares de contagios y hospitalizaciones a nivel mundial? ¿Hay alguna explicación sólida de este fenómeno? Y, más importante aún, ¿hay alguna lección que debamos aprender de este tipo de situación? Veamos:

En diciembre de 2020, Israel fue el primer país en el mundo en iniciar un proceso masivo de inmunización con la vacuna Pfizer. En poco menos de un mes ya era líder mundial con el 10% de su población inmunizada, comenzando con el personal de salud y las personas mayores de 60 años. A una velocidad de 150 mil vacunados al día, a finales de febrero Israel ya había aplicado al menos una dosis al 50% de su población, convirtiéndose en ejemplo mundial a seguir. En junio, con el 61% de la población vacunada con un esquema completo, era tal la confianza que prácticamente la vida en ese país había vuelto a la normalidad. 

A pesar de que había disminuido drásticamente la velocidad de vacunación, todo parecía indicar que Israel sería el primer país en vencer al Covid. Pero no fue así. En julio, las autoridades comenzaron a notar un crecimiento inusual en el número de casos que, para septiembre, ya alcanzaban los 10 mil diarios. Y lo más preocupante era que 6 de cada 10 nuevos casos se presentaban en personas que ya habían sido vacunadas. De inmediato se prendieron las alarmas entre la comunidad científica mundial, al tiempo que, en redes sociales y medios de comunicación, había comenzado una guerra de explicaciones, entre la que destacaba la versión de que la vacuna Pfizer había fallado. Ante la incertidumbre, las autoridades de salud israelíes iniciaron una investigación.

Según la explicación de la autoridad sanitaria de Israel, el aumento inusitado de casos podría estar relacionado con varios factores. Primero, que la cobertura de vacunación no avanzó como se esperaba. Segundo, un exceso de confianza por parte de la autoridad que decidió relajar las medidas preventivas. Tercero, la disminución de la efectividad de las vacunas. Y cuarto, la presencia de la variante Delta.

El argumento de la autoridad israelí es el siguiente: después de su éxito inicial, el programa de vacunación se estancó debido a la infodemia y a su impacto negativo entre grupos judíos y árabes ortodoxos. Lo que derivó en que alrededor de 30% de la población que no se quiso vacunar. A pesar de ello, la autoridad sanitaria decidió relajar las medidas preventivas y restrictivas. Lo que coincidió con una disminución de la inmunidad de la vacuna Pfizer. Según la autoridad israelí, después de 5 ó 6 meses de haber sido aplicada, el nivel de inmunidad de la vacuna Pfizer pasa de poco más de 90% de efectividad, a 30 o 40%. La gran cantidad de no vacunados y vacunados con inmunidad disminuida, circulando sin restricciones, fue blanco fácil de la nueva variante Delta que ha logrado evadir parte de la protección proporcionada por la vacuna Pfizer. 

El resultado de esta combinación de circunstancias y errores de política pública fue una explosión de contagios que obligaron un nuevo confinamiento, así como la ampliación del programa de vacunación a niños y jóvenes, y el despliegue de un programa de refuerzo a mayores de 60 y a grupos vulnerables. De hecho, la autoridad sanitaria ya está aplicando una tercera dosis de refuerzo a mayores de 60 años y grupos vulnerables.

De entrada, la “explicación” parece lógica. Sin embargo, en mi opinión, revela varios temas preocupantes en los que he venido insistiendo de tiempo atrás. En primer lugar, demuestra que las vacunas no son tan efectivas como se había prometido. Recordemos que en un primer momento se dijo que un esquema completo sería suficiente para generar inmunidad permanente. Luego se dijo que la inmunidad solo alcanzaría para poco menos de un año y finalmente se dijo que duraría 8 meses y que se requeriría un refuerzo anual. Ahora resulta que solo dura 6 meses.

En segundo lugar, muestra que incluso en los países más desarrollados y bien organizados del mundo, un porcentaje importante de la población no se piensa vacunar, precisamente por la incertidumbre que ha acompañado todo el proceso de producción y distribución dominado por los grandes laboratorios y su negativa a socializar las patentes.

Y, en tercer lugar, revela que aún no sabemos a ciencia cierta dónde estamos parados frente a las nuevas variantes del virus. La variante Delta ha demostrado ser una amenaza real con todo y vacunas. Incluso los propios científicos israelíes opinan que aún no hay evidencia concluyente de que una tercera dosis acabaría con el problema.

En fin, aún asumiendo que es verdad lo que afirman las autoridades israelíes, es un pésimo augurio que el país que era el ejemplo a seguir, hoy sea el epicentro de una cuarta oleada de Covid. No quiero imaginar lo que nos espera a países menos desarrollados y desorganizados. Solo el tiempo nos dirá si las vacunas realmente fueron parte de la solución. En todo caso, mientras no tengamos claridad, creo que debemos trabajar en la parte preventiva y concentrarnos en fortalecer nuestro sistema inmunológico, haciendo ejercicio, comiendo bien y meditando.