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Clavados vuelven a La Quebrada tras la destrucción por Otis

17 diciembre, 2023 12:00 pm
AFP
Ante un puñado de turistas, Abraham Estrada lanza un clavado desde un peligroso acantilado conocido como La Quebrada, emblema del balnerario mexicano de Acapulco, devastado en octubre por el poderoso huracán Otis y que tímidamente empieza a recibir visItantes.

El fenómeno que alcanzó categoría 5, la máxima de la escala Saffir-Simpson, dejó medio centenar de fallecidos y unos 30 desaparecidos, mientras que 90% de los establecimientos turísticos resultaron afectados y la ciudad quedó semidestruida.

“Estamos pasándola un poco mal por fata de turismo (…) estamos esperando con fe que esta temporada decembrina sí llegue un poco de turismo”, dice a la AFP Estrada, de 36 años, 22 de ellos lanzando clavados, una tradición familiar de casi un siglo pues su padre y abuelo también fueron saltarines.

Según la alcaldía del puerto, para este fin de año, habitualmente una de las mejores temporadas, disponen de 2.890 cuartos de hotel en 91 establecimientos, contra los 20.000 que estaban activos previos a Otis.

La asociación local de hoteles estima una ocupación de 35%, y esperan que al final del año lleguen más turistas.

La Quebrada cumple una semana desde que se reactivó, pero los asistentes son contados y apenas hay dos presentaciones de clavados contra hasta cinco previo al desastre, explica Estrada, quien en su repertorio tiene un salto con él en llamas desde lo más alto del risco, de casi 50 metros.

“La Quebrada es un ícono mundial de Acapulco”, dice Estrada sobre este espectáculo que ha aparecido en películas de Tarzán protagonizadas por Johnny Weissmuller, quien murió y está enterrado en el puerto, y por Elvis Presley, aunque el “Rey del Rock & Roll” jamás pisó tierras mexicanas.

La casa de Estrada sufrió daños, perdió mobiliario, además de que las instalaciones desde donde se observan los saltos, que incluye un hotel, quedaron devastadas.

Los ingresos de los clavadistas ahora son pocos pues la entrada cuesta unos cinco dólares, más lo que los asistentes les den de propina.

Pero Estrada tiene la ventaja de ser abogado de profesión y compensa sus ingresos con distintos trámites a sus clientes.

En contraste, Juan Francisco Cruz sólo cuenta con los ingresos de La Quebrada, a lo que se dedica de lleno desde hace once años.

“A ver si aprecian lo que hacemos para tres turistas, ahorita no hay movimiento, no hay gente”, dice desalentado ante la escasa asistencia.

Pero confía en que el puerto pronto se pondrá pie. “¡Que nos vengan a visitar, no se olviden de Acapulco! (…). Aquí los esperamos con los brazos abiertos”, invita.

 





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