
¿Cuáles son los retos que México enfrenta en la producción de alimentos?
Reconocer la importancia de quienes trabajan la tierra es uno de los objetivos primordiales del Día Mundial de la Agricultura, conmemoración que invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta el sector para garantizar alimentos suficientes, nutritivos y accesibles.
En México, la agricultura representa mucho más que una actividad económica: es sustento para millones de familias, preserva conocimientos comunitarios y mantiene vivas tradiciones relacionadas con el maíz, el frijol, el café, el cacao y otros productos que forman parte de la identidad nacional.
Sin embargo, el campo mexicano enfrenta una serie de dificultades que van desde la falta de agua y el deterioro del suelo hasta el encarecimiento de insumos, la desigualdad en el acceso a tecnología y la dependencia de intermediarios para comercializar las cosechas.
Un campo presionado por el clima
La sequía, las lluvias intensas, las altas temperaturas y los cambios en los ciclos agrícolas han aumentado la incertidumbre para los productores. El deterioro del suelo también representa una amenaza para la productividad en consecuencia a la deforestación, el sobrepastoreo y algunas prácticas agrícolas que reducen la fertilidad de la tierra.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural ha señalado la necesidad de impulsar prácticas sostenibles, mejorar el uso del agua y recuperar la vitalidad de los suelos para enfrentar la desertificación y la sequía.
Es así como la innovación puede convertirse en una herramienta clave, desde la implementación de:
- Sistemas de riego más eficientes.
- Semillas adaptadas a las condiciones climáticas.
- Monitoreo de cultivos.
- Agricultura de conservación y aprovechamiento responsable de residuos pueden ayudar a producir más con menos recursos.
La diferencia es que producir no siempre significa obtener ganancias. Muchos agricultores enfrentan dificultades para acceder a créditos, seguros, maquinaria, almacenamiento y mercados justos. En numerosas regiones, los intermediarios compran las cosechas a precios bajos, mientras que el consumidor final paga cantidades mucho mayores.
Por ello, las organizaciones campesinas han insistido en la importancia de fortalecer la comercialización directa, establecer precios que permitan recuperar los costos de producción y garantizar condiciones dignas para quienes trabajan la tierra.
El 3 de septiembre, el Gobierno de México y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) firmaron el Marco de Programación de País 2026-2031, una hoja de ruta para impulsar territorios rurales más resilientes, sostenibles e inclusivos.
El acuerdo contempla una cartera programática cercana a 140 millones de dólares y busca orientar la cooperación técnica y financiera hacia la transformación de los sistemas agroalimentarios, la conservación de los recursos naturales y el fortalecimiento de las comunidades rurales.
La agricultura del futuro no dependerá únicamente de producir más, sino de hacerlo de manera sostenible, con justicia comercial y reconociendo el conocimiento de las comunidades







