(Foto: Especial)

Jorge Jiménez Alonso
05/03/2021 , 8:10 pm

¿Qué salud podemos esperar en una sociedad acostumbrada a vivir con miedo?

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad que se está acostumbrando a vivir con miedo, obsesionada con el alcohol en gel, distanciándose de los demás, evitando el contacto físico, cubriéndose la cara con un “trapo sucio”, sin poder mostrar una sonrisa y sin respirar aire fresco? Es indudablemente una sociedad condenada al estrés, a una mala alimentación, a una angustia y temor permanente, dosificada por un “semáforo” y obligada al sedentarismo.

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad en donde las pequeñas y medianas empresas están cerrando, ocasionando la pérdida de trabajo, la pobreza, el hambre, la inseguridad, los trastornos de ansiedad, las fobias, las adicciones, la depresión, los suicidios, las muertes por mala praxis y las muertes por enfermedades crónicas desatendidas por causa de la llamada “pandemia”?

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad con una medicina basada en “la obediencia”, con protocolos y recomendaciones atípicas impuestas por la OMS, un desacreditado organismo político al servicio de la élite globalista y sus grandes laboratorios?

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad que lleva un año y cuatro meses viviendo en un estado de miedo, en donde a base de pura propaganda se ha logrado enajenarla con sobredosis de información tramposa y contradicciones manifiestas, en donde la llamada “semaforización” se maneja al arbitrio, no por la salud sino por la política, al igual que las estadísticas de contagios y defunciones? 

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad a la que la obligan a usar tapabocas, que está ocasionando cefaleas y trastornos respiratorios por el monóxido de carbono que estamos respirando, y que en realidad representa, sin la menor duda, una herramienta de sometimiento y control?

¿Qué salud podemos esperar de una sociedad que carece de alicientes, que no puede hacer deporte libremente, que estudia “en línea” y trabaja de la misma forma, que no se divierte y baila sanamente, salvo porcentajes reducidos y mediante pruebas tramposas?

Se puede decir que llevamos mucho tiempo viviendo en “modo supervivencia”. Antes, con el temor a la delincuencia organizada; ahora, con la delincuencia desatada y además la pandemia. Si antes “le pusimos tapabocas” a nuestra casa por el temor a ser robados o secuestrados, ahora nos lo hemos puesto nosotros y las casas siguen amuralladas, y nosotros, sus prisioneros, con “nuestros demonios internos” sueltos.

Es sabido que el miedo es una vibración de baja frecuencia que nos paraliza y nos vuelve fácilmente manipulables. Pero además, al bajar las defensas de nuestros sistemas inmunológico, material y espiritual nos condiciona para todo tipo de enfermedades y contagios. El miedo a la enfermedad genera enfermedad; el miedo a una crisis genera crisis; el miedo a una dictadura genera tiranos.

Creo que ha llegado el tiempo de izar la bandera de la libertad. Ya no somos libres, nos están esclavizando a base de miedo y nos tienen, por temor, amaestrados, con el pretexto de la salud. No olvidemos aquella frase: “la pandemia nos cayó como anillo al dedo”. Es hora de despertar y tomar conciencia, ya no tanto por nosotros, sino por el país y el mundo que le dejaremos a nuestros hijos y nietos. Exijamos nuestros derechos. Basta ya de agachar la cabeza y actuar sumisamente. Empecemos a informarnos, a investigar, a descubrir. Hagamos a un lado el ruido que nos aturde y nos conflictúa, y con la “cabeza fría” y el “corazón caliente” emprendamos nuestra reivindicación ciudadana.             

Gracias Puebla.  Te recuerdo  “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.


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