(Foto: Especial)

Fernando Manzanilla Prieto
04/07/2021 , 8:29 pm

Tercera ola de contagios y los riesgos del regreso a clases

Desde hace varios meses he planteado la urgencia de que las y los niños y jóvenes regresen a clases presenciales. No solo porque es necesario por el bien de su salud y desarrollo mental y emocional, sino por el bienestar de las madres y padres de familia que, literalmente, ya están desesperados.

En varios artículos he comentado que, según los expertos, en la etapa preescolar un encierro prolongado puede condicionar el desarrollo del lenguaje y generar déficit de atención y de socialización. En etapa escolar —es decir en primaria— el impacto puede ser más severo, afectando las habilidades de aprendizaje. En tanto que, en adolescentes, puede generar depresión y soledad, afectando el aprendizaje y el abuso en la utilización de redes sociales.

Pero la principal preocupación de los especialistas es que el confinamiento afecte el desarrollo neuronal de los más pequeños, ya que podría condicionar las conexiones cerebrales que ocurren en esta etapa de la vida. Estamos hablando de las vinculaciones neuronales asociadas con la adquisición de habilidades sociales, del lenguaje, motrices y del pensamiento simbólico.

Ante esta situación, el Presidente de la República ha sido muy enfático en la necesidad de iniciar el regreso a las aulas; y en preparación a ello, ha anunciado que las maestras, maestros y todo el personal de salud, serán el siguiente grupo a vacunar una vez que se concluya con los adultos mayores.

Esta decisión se sustenta en diversos estudios que han demostrado que los niños y jóvenes no constituyen una población de alto riesgo frente al Covid. Lo anterior se explica a partir de la respuesta innata del sistema inmune que en etapas tempranas de la vida permite proteger al cuerpo de este tipo de infecciones. Es decir que, si se llegan a contagiar, generalmente no presentan síntomas ni son capaces de contagiar gravemente a los adultos. 

A partir de esa evidencia, desde el año pasado Europa, Asia y algunos países de Sudamérica, decidieron adoptar esquemas semipresenciales en las escuelas y en ningún momento se ha detectado que esto haya ocasionado un incremento general del número de contagios. El problema es que, ante los estragos de la nueva oleada de Covid que está afectando al mundo entero, la mayoría de los planes para el regreso presencial a las aulas en estas regiones han tenido que ponerse en stand by. Y como todo lo que pasa en Europa y Sudamérica termina por pasarnos a nosotros, es evidente que también tengamos que posponer los planes piloto de regreso a clases en todos los estados hasta después de verano, debido al impacto de la tercera oleada de Covid que seguramente nos pegará entre mediados de abril y mediados de agosto.

Muchos se preguntan ¿por qué esta tercera oleada podría ser peor que la que vivimos entre noviembre y febrero? Porque de nuevo se conjuntarán los factores clásicos que forman el caldo de cultivo perfecto para una aceleración súbita de contagios, es decir, alta movilidad de personas —tanto antes del periodo vacacional como durante Semana Santa y Semana de. Pascua—, altos niveles de hartazgo, y desproporcionados niveles de confianza derivados del inicio del proceso de vacunación. Solo que, en esta ocasión, tendremos que considerar un factor adicional que podría cambiar completamente las reglas del juego: me refiero a la posible presencia generalizada de nuevas variantes del virus que ya circulan en México y que, como sabemos, son más contagiosas y resistentes.

Si bien la comunidad científica esperaba que el virus mutara, la mayoría reconoce que nadie previó que esto ocurriera tan rápido, ni que de las nuevas variantes identificadas lograran superar la eficacia de algunas de las vacunas disponibles. Ese factor explica la fuerza de esta tercera oleada de contagios en Europa, Estados Unidos y Sudamérica, y esa variable será la que determine qué tan severo será el impacto de la tercera oleada en nuestro país. 

Como lo expresé en su momento, creo que seguimos sabiendo muy poco acerca de este virus, por lo que más vale mantener una postura preventiva en lo relativo al regreso a clases. Creo que lo mejor será dedicarle algunos meses al diseño del plan epidemiológico, pedagógico y preventivo para un regreso ordenado, paulatino y seguro a las aulas. Por lo menos en lo que pasa la tercera oleada y en lo que terminamos de reacondicionar los planteles educativos y vacunar a las maestras y maestros del país.


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