(Foto: Especial)

Jorge Jiménez Alonso
02/22/2021 , 9:53 pm

Un mundo holográfico (Primera parte)

Con motivo de la pandemia y sus repercusiones prácticamente en todos los órdenes -pues en mucho cambió nuestra vida y nuestro modo de percibirla-, he estado reflexionando en las posibles soluciones al problema, no desde el campo médico, pues lo ignoro, pero sí desde la metafísica, porque al final todo lo espiritual tiene una gran influencia sobre lo material. Nadie podrá negar que nuestro cuerpo físico está regido totalmente por el influjo del alma y del espíritu.

A este respecto, me llamó la atención un estudio del neurólogo de Stanford, Karl Pribram, sobre un paradigma que empareja la investigación cerebral con la física teórica, y que sirve para explicar la percepción normal y al mismo tiempo excluye las experiencias llamadas paranormales y trascendentales del campo de lo sobrenatural, demostrando que forman parte de la naturaleza. De repente, las afirmaciones de los místicos adquieren sentido al ser contempladas desde un ángulo nuevo de esta teoría holográfica.

Ya en 1947 Dennis Gabor había inventado en principio la holografía, descubrimiento que le valió el Premio Nobel, pero la construcción de un holograma tuvo que esperar hasta que fue descubierto el rayo láser. Precisamente a mediados de los años sesenta apareció en la revista Scientific American un artículo sobre la construcción por vez primera de un holograma, especie de imagen tridimensional obtenida por medio de una fotografía sin lentes. El holograma es realmente uno de los inventos más notables de la física moderna. La imagen fantasmal que produce puede ser contemplada desde ángulos diversos y aparece como suspendida en el espacio. 

La luz llega a la placa fotográfica a través de dos fuentes: desde el mismo objeto y desde el rayo de referencia, en otras palabras, la luz reflejada por un espejo hacia el objeto y de éste a la placa. El aparente sinsentido de ondas irregulares grabado en la placa no se parece en nada al objeto original, pero la imagen puede ser reconstruida por medio de una fuente de luz de rayo láser. El resultado es una apariencia tridimensional proyectada en el espacio a cierta distancia detrás de la placa.

Resulta que Pribram vio en el holograma un modelo apasionante de cómo el cerebro almacena la memoria. Si la memoria se encuentra distribuida más que localizada en el cerebro, tal vez, se dijo, sea un holograma, pero, ¿quién lo interpreta? Esta es una pregunta antigua y recurrente. Desde los griegos, los filósofos no han dejado de preguntárselo. ¿Dónde está el yo, la entidad que hace uso del cerebro y decodifica el holograma? O como decía San Francisco de Asís, “lo que estamos buscando es lo que busco”.

Después de tanto investigar, Pribram llegó a la conclusión de que “tal vez el mundo es un holograma”, entonces la misma naturaleza de la realidad es holográfica, y si el cerebro opera de forma holográfica, entonces el mundo es realmente maya, como afirman las religiones orientales: una mera apariencia mágica. Su materialidad concreta es una ilusión.

Continuaré la próxima semana.

Gracias Puebla. Te recuerdo: LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO.

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